Hay bienes a los que es difícil poner precio. Es el caso de la energía. Su valor puede resultar complicado de cuantificar si nos empeñamos en hacerlo aplicando solo criterios monetarios. Sin embargo, esa es la única apreciación que parecen tener en cuenta nuestros gobernantes cuando se ponen a planear escenarios energéticos.
En 2010 este aspecto crematístico ha sido especialmente notorio. Con el objetivo –o excusa– de reducir el déficit de tarifa, Industria se ha dedicado a meter tijeretazo tras tijeretazo a las renovables, incluso con carácter retroactivo, como ha sido el caso de la fotovoltaica. Tampoco las formas han sido, precisamente, las más correctas. Como si estuviéramos en un zoco, los representantes ministeriales han ido regateando a lo largo del año con las patronales del sector, haciéndoles creer que estaban dispuestos a tener en cuenta criterios más amplios al analizar el valor de las energías limpias cuando lo único que les importaba era la aritmética clásica.
¡Menudo legado! Y no solo para 2011. La planificación energética necesita amplitud de miras, visión a larga distancia. Para evaluar correctamente las tecnologías de generación eléctrica hay que tener en cuenta aspectos tan determinantes como el impacto de cada una de ellas en el medio ambiente, la seguridad de suministro o la competitividad que aportan. Un modelo basado en consumir más carbón, gas y petróleo no va a contribuir, precisamente, a reducir la factura energética española y asegurarnos el suministro. Máxime cuando el petróleo ha iniciado una nueva escalada de precios.
Tampoco ha cumplido el Gobierno con otros deberes que tenía en 2010. Ni ha definido el nuevo PER 2011-2020, ni ha transpuesto la Directiva de Renovables (la fecha límite era diciembre), ni ha elaborado la Ley de Renovables… Se mire como se mire, política y legalmente, 2010 ha sido un año dificilísimo para las energías limpias, con claras repercusiones en la industria local, buena parte de la cual ha optado por buscar fuera de España el mercado que aquí se le escatima. La falta de previsión e inestabilidad de que ha hecho gala Industria ha afectado a todas las tecnologías, incluida la que ha tenido mejor estrella este año, la solar termoeléctrica. Pese a ello, esta tecnología ha logrado adquirir velocidad de crucero en 2010, situando a España en referente mundial.
La sacudida nacional a las renovables va justo en la dirección contraria al respaldo que estas fuentes están recibiendo en muchos otros puntos del globo, como Estados Unidos y China. También está en pura contradicción con la declaración de José Luis Rodríguez Zapatero de crear un millón de empleos verdes en los próximos años. El año concluye, además, sin que se hayan alcanzado los objetivos previstos en el PER 2005-2010.
Pese a todo, la botella sigue estando medio llena. Las energías renovables han hecho un recorrido espectacular en muy poco tiempo y su futuro es incuestionable. Este número, en el que contamos con la colaboración de dos ministros –Rosa Aguilar y Valeriano Gómez–, el secretario general de UGT, el presidente de la Comisión de Energía de la CEOE (Antonio, si falta alguien que deba ir añádelo) y de las primeras figuras del sector es una buena prueba de ello.
2010 también ha sido demoledor para el periodismo y los periodistas. A finales de diciembre se despedía CNN+ después de doce años en antena. Su apuesta por la información es también nuestra apuesta. Y sabemos lo difícil que es mantenerla en tiempos de vacas flacas, poco propicios para la publicidad de la que vivimos. Por eso hoy más que nunca queremos dar las gracias a nuestro equipo de periodistas por su trabajo, y a los lectores y anunciantes por su apoyo. Con su colaboración daremos cuenta un año más, y van once, de todo lo que acontece en torno a las renovables. Que para eso vino esta revista al mundo.
Hasta el mes que viene.
Directores
Luis Merino lmerino@energias-renovables.com Paseo de Rías Altas, 30-1º Dcha 28702 San Sebastián de los Reyes. MADRID Tel: 91 663 76 04 Móvil: 606 35 50 56