El llamamiento se produce en un contexto de subida de precios energéticos vinculada a la inestabilidad geopolítica en Oriente Próximo, que ha vuelto a evidenciar la fragilidad del sistema energético europeo. Durante un debate en el Parlamento Europeo, el comisario de Energía, Dan Jørgensen, ha advertido de que la Unión Europea sigue expuesta a la volatilidad de los combustibles fósiles.
"Si no aprendemos, estamos condenados a repetir nuestros errores del pasado, década tras década, crisis tras crisis", ha afirmado el comisario, subrayando la necesidad de cambios estructurales.
Medidas urgentes para aliviar la factura
Entre las acciones prioritarias, Bruselas propone reducir la carga fiscal sobre la electricidad, señalando que los impuestos representan una parte significativa del precio final que pagan los consumidores. En este sentido, Jørgensen ha instado a los gobiernos nacionales a equilibrar la fiscalidad energética para que la electricidad resulte más competitiva frente a los combustibles fósiles.
Además, la Comisión insiste en reforzar los mecanismos de protección social para impedir que los consumidores más vulnerables sufran cortes de suministro, especialmente en momentos de fuerte presión inflacionaria.
Más opciones para los consumidores
El Ejecutivo comunitario también ha puesto el foco en mejorar la capacidad de elección de los ciudadanos dentro del mercado energético, con medidas destinadas a facilitar el cambio a contratos más baratos, fomentar el uso flexible de la energía y promover el autoconsumo.
"Debemos empoderar a los consumidores para que puedan producir y compartir su propia energía limpia", ha defendido el comisario Jørgensen, en línea con los objetivos de transición ecológica del bloque.
Acelerar la independencia energética
Más allá de las medidas inmediatas, Bruselas considera que la solución de fondo pasa por acelerar la transición hacia energías limpias, reforzar las redes eléctricas y avanzar en la electrificación del sistema energético.
Aunque la actual crisis no solo exige respuestas urgentes, sino también una transformación estructural que permita a la Unión Europea reducir su dependencia externa y avanzar hacia una auténtica unión energética, lo cierto es que con estas propuestas la Comisión busca evitar que futuras tensiones internacionales vuelvan a traducirse en crisis energéticas que golpeen directamente a los ciudadanos europeos.
