La Primera Conferencia Internacional para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles se celebrará en la ciudad colombiana de Santa Marta, entre el 24 y el 29 de abril, con la participación de al menos 45 países y más de mil organizaciones de la sociedad civil, según informa IPSnoticias. El encuentro, organizado entre Colombia y Países Bajos, pone el foco en uno de los temas más necesarios y menos abordados: cómo reducir la producción y el uso de combustibles fósiles de manera coordinada.
El contexto es complejo. Mientras la ciencia insiste en la urgencia de reducir las fuentes fósiles de energía, que representan más de 75 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, las crisis geopolíticas actuales y la volatilidad de los mercados han reforzado la dependencia en ellas para garantizar la seguridad energética de muchos países.
“Es sorprendente que un tema tan relevante solo sea abordado por unas cuantas iniciativas estructuradas. Muchos temas están siendo debatidos en varios espacios, pero la salida de los combustibles fósiles aún no se está abordando de manera coordinada”, señaló André Corrêa do Lago, presidente de la COP30 (Belém, Brasil 10-21 de noviembre de 2025), en un encuentro online sobre la transición energética, mantenido el pasado 24 de marzo.
Hacia un instrumento vinculante
Desde la adopción del Acuerdo de París en 2015, que busca limitar el calentamiento mundial por debajo de 2 grados centígrados en comparación con los niveles preindustriales, la reducción del uso de combustibles fósiles se ha convertido en una parte central de la agenda climática en la última década.
Los llamamientos a acelerar este proceso se intensificaron en la COP28, celebrada en Dubái en 2023, donde los asistentes se comprometieron a alcanzar emisiones netas cero hacia 2050. Una línea que se consolidó en la COP30 con la Declaración de Belém, con un compromiso voluntario firmado por 24 países.
En paralelo han surgido iniciativas como el Tratado de No Proliferación de Combustibles Fósiles (Fossil Fuel Treaty), presentado en 2020 por un grupo de países y organizaciones de la sociedad civil para detener de manera explícita la expansión de la explotación de combustibles fósiles y gestionar una transición justa.
Andrés Gómez, coordinador para América Latina de esta iniciativa, considera, no obstante, que “se necesita un instrumento distinto que aborde necesariamente la oferta fósil. El Acuerdo de París se centra principalmente en la demanda, a través de los planes de cambio climático, pero estos no son legalmente vinculantes”, argumenta.
Lo que se espera de la reunión en Santa Marta
La conferencia de Santa Marta busca llenar ese vacío, generando una conversación directa sobre cómo avanzar en la reducción de la producción y el uso de combustibles fósiles. A diferencia de las COP, que operan bajo consensos globales complejos, este encuentro apunta a construir una coalición más enfocada de países dispuestos a avanzar más rápido, así como a identificar barreras concretas -económicas, fiscales y políticas- que dificultan este proceso.
El informe resultante de la conferencia debe analizar las condiciones necesarias y los obstáculos para avanzar en este proceso. Este informe será entregado a las presidencias de la COP30 y la COP31, que se celebrará en la ciudad de Antalya (Turquía) en noviembre, con la intención de alimentar futuras negociaciones internacionales.
El informe incorporará las aportaciones de más de mil organizaciones de la sociedad civil a través de diálogos virtuales, incluyendo pueblos indígenas, sindicatos, gobiernos regionales y actores empresariales.
Hasta ahora, 45 países han confirmado su participación en la conferencias Santa Marta, a la que acudirán las principales potencias productoras de petróleo. En cualquier caso, más allá de los resultados concretos, la conferencia será una prueba de si un grupo de países —muchos de ellos del sur global y altamente vulnerables— puede empujar la conversación climática hacia un terreno más incómodo pero crucial: el fin de la dependencia de los combustibles fósiles.
