La interconexión eléctrica -la capacidad de cada país de importar y exportar energía a sus vecinos- es el esqueleto invisible de la transición energética. Sin embargo, sus huesos son débiles: el 80% del sistema eléctrico europeo no alcanzará el objetivo de interconexión previsto para 2030, que exige que cada Estado disponga de una capacidad de importación equivalente al 15% de su generación nacional -según el análisis de Ember-..
Entre los países rezagados están algunos pesos pesados: España, Italia, Francia, Alemania y Polonia se encuentran por debajo del umbral fijado por la UE. En casos extremos, como Italia, la interconexión apenas llegará al 4% en 2030, pese a sucesivos planes de inversión.
La situación no solo amenaza la integración de renovables, sino también la resiliencia del sistema eléctrico. El informe recuerda el caso del apagón ibérico de abril de 2025, donde las conexiones transfronterizas fueron claves para reiniciar la red eléctrica. "Fortalecer las interconexiones ya no es una opción técnica, sino una cuestión de seguridad energética", destaca Gianluca Geneletti, analista de Ember.
2040: la década decisiva
Europa necesita actuar en doble dirección: acelerar los proyectos ya iniciados y promover nuevos enlaces eléctricos entre países. Para 2040, la red óptima debería alcanzar 318 GW de capacidad de interconexión, casi el doble de lo previsto para 2030. Pero es que el panorama actual muestra un agujero preocupante: faltan 55 GW de proyectos aún no propuestos.
Y el estudio ilustra ese desfase: el bloque correspondiente a los proyectos "missing" -aún inexistentes- ocupa un tercio del esquema visual, lo que evidencia lo lejos que está el sistema del objetivo óptimo.
También hay un incentivo económico que va más allá de la urgencia ambiental, ya que, según el informe, cada euro invertido en interconexiones puede ahorrar más de dos euros en costes de generación para 2040.
El problema para los analistas de Ember es claro: el fondo europeo CEF-E -la principal vía de financiación europea- no da para más. En el periodo 2028-2034 se prevén 17.000 millones en subvenciones, pero serían necesarios 47.000 millones para cubrir los proyectos óptimos, según los expertos. ¿El resultado? Un déficit de 30.000 millones de euros.
El informe plantea tres posibles caminos financieros:
• Mayor peso de préstamos europeos, especialmente del Banco Europeo de Inversiones.
• Auge de proyectos privados que recuperen su inversión gracias a las diferencias de precios entre mercados eléctricos (como BritNed o Eleclink).
• Un escenario extremo donde el 20% del presupuesto total del CEF-E se destine en exclusiva a redes eléctricas transfronterizas.
El informe muestra estas alternativas: tres columnas de financiación con distintos porcentajes de préstamo, inversión privada y subvención pública. La conclusión es clara: el CEF-E por sí solo ya no basta.
De frontera a frontera: la red eléctrica como columna vertebral de Europa
Europa se encuentra en un punto de inflexión donde la geografía eléctrica está sustituyendo a la política fronteriza. Países como Dinamarca o Hungría actúan como corredores de energía entre regiones, mientras que el aislamiento de la Península Ibérica sigue siendo un problema histórico para España y Portugal.
El mensaje central del informe es inequívoco: las redes eléctricas serán la infraestructura crítica de la Europa climáticamente neutra. Y su futuro depende de decisiones que deben tomarse ya, no en 2030.
La próxima década no solo definirá la transición energética, sino también el alcance real de la integración europea. La electricidad será la nueva lengua común: la red, su gramática.
Informe: Dinero en juego: ampliar la interconexión eléctrica para el futuro energético de Europa
