El informe, que analiza en detalle el ritmo de transformación necesario en sectores clave como la energía, el transporte, la calefacción y la industria, señala que la Unión Europea aún está a tiempo de cumplir su meta de neutralidad climática en 2050 pero, para ello, la generación eléctrica a partir del viento y el sol deberá multiplicarse.
Los investigadores indican que, en un escenario considerado realista y de coste mínimo, la UE debería reducir sus emisiones netas de gases de efecto invernadero en un 86% para 2040 respecto a 1990, un objetivo alineado con la propuesta de la Comisión Europea de recortarlas un 90%, permitiendo que una pequeña parte de las reducciones provenga de proyectos fuera del territorio comunitario.
Renovables y electrificación: los dos grandes pilares
El estudio identifica dos ejes fundamentales para lograr esta transformación. Por un lado, la expansión masiva de las energías renovables, ya que la generación eólica y solar deberá multiplicarse por siete en 2040 respecto al periodo 2018–2022. Aunque el crecimiento es muy exigente, los autores del informe subrayan que ya se han alcanzado ritmos similares en los últimos años impulsados por las sucesivas crisis energéticas.
Por otro, los autores del informe destacan la necesaria electrificación del consumo energético ya que la electricidad, que representaba alrededor del 20% del consumo final en la década de 2010, deberá alcanzar cerca del 50% en 2040. Este cambio ya está en marcha, como demuestra el aumento de los vehículos eléctricos en Europa, que han pasado del 2% de las ventas en 2019 al 19% en 2025.
Menos dependencia energética del exterior
Uno de los efectos más relevantes de esta transición será geopolítico. Según el informe, la demanda de gas y petróleo en 2040 podría ser un 60% inferior a la registrada entre 2018 y 2022. Esto implicaría una menor dependencia de importaciones energéticas y una mayor resiliencia frente a crisis internacionales. Aunque Europa seguirá necesitando importar energía -como hidrógeno verde o combustibles sintéticos-, los volúmenes serían mucho menores que los actuales de combustibles fósiles.
El reto pendiente: capturar CO2
El estudio también advierte de un desafío clave: el desarrollo de tecnologías de captura y almacenamiento de carbono (CCS), prácticamente inexistentes hoy en la UE. Para compensar las emisiones difíciles de eliminar, esta capacidad deberá crecer rápidamente entre 2030 y 2040, hasta alcanzar los 188 millones de toneladas de CO2 capturadas al año.
Una oportunidad económica y estratégica
Más allá del reto climático, los investigadores destacan que la transición puede reforzar a Europa, ya que una descarbonización exitosa no solo reduciría emisiones, sino que también fortalecería la economía europea y su autonomía estratégica.
El objetivo es exigente, pero viable. Todo dependerá de la rapidez y ambición con la que la Unión Europea actúe en esta década decisiva.
