Las conclusiones son contundentes: incluso considerando los costes adicionales de redes eléctricas, almacenamiento y sistemas de respaldo, un modelo con alta penetración de energías renovables sigue siendo, con diferencia, el más económico. Frente a alternativas que se apoyan de forma más intensa en la energía nuclear, el hidrógeno o la captura y almacenamiento de carbono (CCS), el sistema renovable presenta un ahorro que oscila entre 487.000 y 860.000 millones de euros para mediados de siglo.
Pero la brecha más significativa surge cuando se compara el escenario renovable con el de transición lenta. Según el estudio, Europa podría gastar hasta 1,6 billones (1,6 trillion anglosajones) de euros más si no logra cumplir sus metas climáticas. La mayor parte de ese coste adicional procedería de la dependencia continuada de combustibles fósiles y del precio del carbono. Ya en 2035, el escenario renovable generaría un ahorro acumulado de 331.000 millones frente a la estrategia de baja ambición.
Los autores del informe traducen estas cifras a un marco más cotidiano: el ahorro total equivale a lo que Europa destina en un año a su sistema sanitario y representa alrededor del 9% del PIB de la Unión Europea.
La transformación del sistema energético implica, además, un fuerte incremento del peso de la electricidad en el mix energético, lo que exige inversiones relevantes en electrificación, sobre todo en sectores industriales intensivos en el uso de energía y difíciles de descarbonizar. Incluso considerando estos desembolsos en electrificación de consumos, el modelo renovable sigue siendo el más competitivo.
El informe subraya también que un sistema sustentado en energías limpias ofrece una mayor estabilidad operativa y una sólida seguridad de suministro, con una producción energética que supera ampliamente la demanda prevista y, además, es el menos vulnerable a perturbaciones externas como la que provocó la invasión rusa de Ucrania. La dependencia europea de importaciones energéticas caería del 71% en 2030 al 22% en 2050 con el escenario renovable, mientras que la transición lenta mantendría una dependencia del 78% en 2030 y del 54% en 2050.
A todo ello se suman los beneficios socioeconómicos ya que, por ejemplo, la industria eólica europea emplea hoy a unas 440.000 personas y podría superar los 600.000 empleos en 2030. Y es que según WindEurope, retrasar el despliegue de renovables o reducir la ambición climática no ofrece ninguna ventaja económica, tecnológica ni estratégica.
El estudio llega en un momento en que la Agencia Internacional de la Energía ha declarado que vivimos en la "2Era de la Electricidad". Para WindEurope, esta afirmación encaja con la trayectoria renovable europea: en el año 2000, la energía eólica y solar representaban apenas el 0,8% de la generación eléctrica del continente y hoy ya alcanzan el 30%. En paralelo, las emisiones han caído casi un tercio mientras la economía ha crecido un 45%.
Europa, concluye la organización, ya está inmersa en esta transformación. El desafío ahora es acelerar, no frenar.
