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Greenpeace muestra a Trump vomitando petróleo antes de la Primera Conferencia Internacional para la Transición de Colombia

Greenpeace ha apostado por una imagen de Trump de 15,5 metros de ancho y 40 metros de alto vomitando petróleo para denunciar el actual contexto geopolítico: las conexiones entre el presidente estadounidense y la industria fósil son más evidentes que nunca y lo están llevando incluso a saltarse la legalidad internacional. Por primera vez, más de 50 países, incluido España, se reunirán en esta cita previa a la COP31 para marcar una hoja de ruta global para abandonar los combustibles fósiles. Greenpeace pide al Gobierno español que aproveche este momento histórico para impulsar un plan de abandono de los fósiles y nuevos impuestos a su industria, también en España.
Greenpeace muestra a Trump vomitando petróleo antes de la Primera Conferencia Internacional para la Transición de Colombia

La Primera Conferencia Internacional para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles arranca mañana en Santa Marta (Colombia), y por primera vez, más de 50 países comenzarán a diseñar una hoja de ruta global para abandonar el petróleo, el gas y el carbón. Para pedir al Gobierno español que adopte un papel de liderazgo, Activistas de Greenpeace han desplegado hoy en el suelo de la Plaza de Colón (Madrid), una imagen gigante de Donald Trump vomitando petróleo sobre una fuente teñida de negro junto al mensaje en inglés "No oil, no war" ("No petróleo, no guerra"). Greenpeace ha apostado por una imagen de Trump de 15,5 metros de ancho y 40 metros de alto vomitando petróleo para denunciar el actual contexto geopolítico: por un lado, las conexiones entre el presidente estadounidense y la industria fósil son más evidentes que nunca y lo están llevando incluso a saltarse la legalidad internacional. Más que nunca, las guerras provocan un impacto transversal. En el plano ambiental, incrementan las emisiones de gases de efecto invernadero, destruyen miles de hectáreas de ecosistemas y agravan la contaminación. En el ámbito económico, impulsan el gasto militar y tensionan los mercados energéticos, como muestra el bloqueo del Estrecho de Ormuz, que está elevando el precio de la energía y, en consecuencia, el coste de la vida. Además, favorecen el extractivismo de minerales críticos con fines bélicos. Y, por encima de todo, dejan una trágica factura en forma de vidas humanas y destrucción de poblaciones enteras.

Las emisiones actuales siguen marcando máximos a nivel mundial y los planes de expansión fósil duplican el límite de 1,5 °C [1] de calentamiento global, un umbral planetario identificado como crítico por los estudios científicos. Por eso, de cara a la COP31 del próximo noviembre en Turquía, los más de 50 países, incluido España, que se reunirán en Santa Marta deberán fijarse una meta clara: impulsar un acuerdo global para abandonar los combustibles fósiles, garantizando una transición justa, que respete los derechos humanos, y que escuche la voz de la clase trabajadora, de las comunidades y de todos los países afectados. Greenpeace demanda avanzar hacia un sistema energético más democrático, con mayor protagonismo ciudadano, que distribuya mejor el poder y la riqueza y mejore el acceso a la energía. En lo que respecta a la extracción de minerales necesarios para la transición, deben evitarse los errores del extractivismo reduciendo la demanda, priorizando el reciclaje y protegiendo tanto a las personas como a la naturaleza. Además, Santa Marta debe impulsar planes estatales para abandonar los combustibles fósiles, reforzar una financiación climática predecible y accesible, respaldar el nuevo Convenio Fiscal de Naciones Unidas —incluyendo impuestos ambientales a las corporaciones fósiles y a las grandes riquezas—, apoyar la aprobación del Tratado Mundial sobre Plásticos en 2026 y contribuir a un acuerdo global en la COP31 que acelere la transición más allá de los combustibles fósiles.

Pedro Zorrilla Miras, responsable de la campaña contra el cambio climático de Greenpeace: "¡No queremos ni petróleo ni guerras! Lo que está pasando en el Estrecho de Ormuz nos muestra cómo los combustibles fósiles nos traen inseguridad, además de cambio climático, enfermedades y destrucción. Basta ya de que las decisiones de tiranos energéticos como Trump o Putin salpiquen nuestras vidas: frente al odio y el petróleo, desengancharnos de los combustibles fósiles es el mejor escudo posible. Por eso, pedimos al Gobierno que actúe con liderazgo en la Conferencia de Santa Marta para lograr un acuerdo global. También, que apruebe medidas inmediatas en España como el fin de las subvenciones a los fósiles y nuevos impuestos a una industria que se llena los bolsillos mientras la ciudadanía paga con su dinero, e incluso con su vida, las consecuencias de la guerra y del cambio climático que provocan"

Principales demandas de Greenpeace al Gobierno en Santa Marta:
• Plan de abandono de los combustibles fósiles: En 2026 es necesario un plan con calendarios claros para eliminar, de aquí a 2040, el carbón, el petróleo y el gas gracias a medidas de suficiencia, eficiencia y renovables. Apoyo a iniciativas como las del tratado internacional para el abandono de los combustibles fósiles.
• Garantizar que las empresas fósiles paguen por sus daños mediante impuestos permanentes a sus beneficios, empezando por impuestos a la aviación VIP.
• Mayor compromiso para un acuerdo en la Convención Marco para la Cooperación Fiscal Internacional para combatir la evasión fiscal.
• Fin de subvenciones a los combustibles fósiles: Presentar un inventario detallado y un plan de eliminación de subvenciones fósiles para dirigir esos recursos a la transición justa.
• Financiación climática: Aumentar la financiación internacional para que sea predecible y accesible, contribuyendo al objetivo de 1,3 billones en inversión total.
• Tratado de plásticos: Apoyar la aprobación de un tratado global ambicioso sobre plásticos como vía fundamental para reducir la demanda de combustibles fósiles.
• Impulso internacional hacia la COP31: impulsar los planes para acabar con la deforestación, así como para una transición más allá de los combustibles fósiles justa, ordenada y equitativa, incluyendo un Mecanismo de Transición Justa.

Sobre la Conferencia
Del 24 al 29 de abril, la ciudad caribeña de Santa Marta, Colombia, acogerá la Primera Conferencia por una Transición Más Allá de los Combustibles Fósiles, co-organizada por el país latinoamericano junto con Países Bajos. Por primera vez, más de 50 gobiernos de todos los continentes, junto a la comunidad científica, sociedad civil y pueblos indígenas, se reunirán para empezar a diseñar una hoja de ruta global hacia un mundo sin petróleo, gas ni carbón. Se trata de una oportunidad histórica para comenzar a diseñar un nuevo marco de cooperación que impulse soluciones reales en financiación, transferencia de tecnología, gobernanza y justicia climática. Asimismo, servirá para impulsar que en la COP31, que se celebrará el próximo noviembre en Turquía, se acuerde un plan para el abandono global de los combustibles fósiles.

Esta cita reunirá únicamente a gobiernos que se han declarado a favor de abandonar los combustibles fósiles. Los países que se han posicionado en contra de este compromiso, como Estados Unidos, Rusia o Arabia Saudí, no están invitados en Santa Marta. Otro aspecto clave del encuentro es que no busca alcanzar un resultado negociado, sino acercar posturas, unir esfuerzos y compartir medidas prácticas que aceleren una transición energética justa, ordenada y equitativa en aquellos países que ya están convencidos de que la mejor decisión es el adiós definitivo a la dependencia fósil. La Conferencia de Santa Marta tiene su origen en la COP30, celebrada en Brasil en noviembre de 2025.

En dicha COP, más de 80 países apoyaron un plan para abandonar los combustibles fósiles que no salió adelante por el bloqueo de varios países con intereses en esos recursos. Esto se debe a que estas cumbres se producen como parte de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático 1 (CMNUCC), donde las decisiones se adoptan por consenso entre cerca de 195 países, lo que dificulta avances ambiciosos. Para facilitar un acuerdo en la próxima COP31, Brasil está elaborando una hoja de ruta con aportaciones de gobiernos, empresas y sociedad civil, con el objetivo de presentar un documento en la próxima COP31 que ayude a acercar posiciones entre los países. En paralelo, iniciativas como Santa Marta buscan concretar qué implicaría ese plan y generar impulso político para que en la próxima COP se logre finalmente un acuerdo en esta materia.

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