La transición energética australiana ha recorrido aproximadamente la mitad del camino previsto, aunque el ritmo actual de construcción resulta insuficiente para completar en los próximos tres años y medio el despliegue requerido por el Gobierno laborista de Anthony Albanese.
En concreto, el país necesitaría incorporar 8,5 GW eólicos y 9,5 GW fotovoltaicos adicionales a la capacidad que ya espera conectar el operador del mercado eléctrico, según los cálculos de Dylan McConnell, investigador de sistemas energéticos de la Universidad de Nueva Gales del Sur.
Este volumen obligaría a instalar antes de 2030 más potencia que todos los parques eólicos actualmente operativos en Australia, mientras el crecimiento del consumo de los centros de datos incrementará previsiblemente las necesidades de generación.
Los proyectos no llegan a la construcción
Australia dispone de una cartera renovable suficientemente amplia y con numerosas autorizaciones ambientales concedidas, pero apenas el 12% de la capacidad necesaria se encuentra actualmente en construcción, según Green Energy Markets.
El principal obstáculo no sería únicamente la tramitación administrativa, ya que muchos promotores no consiguen firmar contratos de compraventa de electricidad a largo plazo que les permitan asegurar ingresos y cerrar la financiación. La incertidumbre sobre el calendario de retirada del carbón reduce además los incentivos para invertir, porque las empresas temen que los gobiernos vuelvan a prolongar la actividad de centrales cuya clausura estaba prevista antes de 2030.
Las intervenciones públicas para aplazar cierres pueden garantizar temporalmente la seguridad de suministro, aunque también mantienen más capacidad convencional en el mercado y deprimen las señales económicas que deberían favorecer su sustitución por renovables y almacenamiento.
Las adjudicaciones tampoco garantizan las obras
El programa federal Capacity Investment Scheme, considerado la principal herramienta del Gobierno para estimular nueva capacidad, ha respaldado 115 proyectos mediante ocho rondas competitivas. Las adjudicaciones comprenden 25,5 GW eólicos y solares dentro de un programa ampliado hasta 40 GW, aunque la ayuda pública no exime a la mayoría de las instalaciones de conseguir compradores para financiar su construcción.
Sin embargo, solo alrededor del 11% de los parques eólicos y fotovoltaicos seleccionados ha alcanzado la construcción o la operación, según un análisis de Green Energy Markets y el Instituto de Economía Energética y Análisis Financiero. La red constituye otro riesgo fundamental, ya que el 85% de las empresas, inversores y reguladores consultados en un reciente estudio sectorial señaló la conexión eléctrica como el principal peligro para los nuevos proyectos.
Los cambios políticos también amenazan la planificación, después de que Victoria decidiera revisar la línea Western Renewables Link y abandonara una de sus zonas renovables, mientras otras grandes infraestructuras de transporte afrontan posibles pausas o cancelaciones.
Una transición a contrarreloj
El despliegue continúa avanzando, puesto que Australia incorporó durante 2025 más potencia eólica y solar que el año anterior y consiguió que las renovables generasen por primera vez más electricidad que los combustibles fósiles durante un trimestre. Más de 70 proyectos renovables han alcanzado el cierre financiero o se encuentran en construcción, junto con una cifra similar de grandes baterías, según el Clean Energy Council.
El desafío australiano muestra, sin embargo, que disponer de recursos, proyectos autorizados y subastas públicas no garantiza la instalación de nueva capacidad cuando faltan red, contratos estables y certidumbre sobre la retirada de las centrales fósiles.
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