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Reseña de Comunidades energéticas. La energía en manos de la ciudadanía, obra de Jorge Andrey y Joan Herrera

Comunidades energéticas: de compartir energía a transformar el sistema

El consejero de Medio Ambiente, Clima, Energía y Conocimiento del Cabildo de Gran Canaria, Raúl García Brink, premio europeo Roger Léron 2025 por su impulso a la transición energética, firma esta reseña de Comunidades energéticas. La energía en manos de la ciudadanía, obra -referente imprescindible en la materia- de Jorge Andrey y Joan Herrera (con prólogo de Cristina Monge). "Un libro oportuno, accesible y recomendable para entender las comunidades energéticas, pero sobre todo para quienes quieran dejar de hablar de ellas y empezar a construirlas". [En la imagen, detalle de la portada del libro, que edita Iceberg. Bajo estas líneas, Brink].
Comunidades energéticas: de compartir energía a transformar el sistema

«Quien haya intentado poner en marcha una comunidad energética sabe que entre la idea y la realidad aparecen rápidamente muchas preguntas: ¿qué forma jurídica elegir?, ¿quién puede participar?, ¿cómo financiar las instalaciones?, ¿qué papel debe desempeñar una administración pública? Jorge Andrey y Joan Herrera responden a buena parte de ellas en Comunidades energéticas. La energía en manos de la ciudadanía, un libro que recomendaría a cualquier persona, colectivo, empresa o administración que esté pensando en constituir una.

Su principal virtud es hacer comprensible una realidad jurídica, energética y social todavía compleja. Y parte de una idea fundamental: una comunidad energética no es simplemente un autoconsumo colectivo. El autoconsumo puede ser el primer proyecto, pero la comunidad es el sujeto que permite a ciudadanía, pymes y administraciones convertirse en participantes activos del sistema energético.

El libro analiza las distintas formas de organización —asociaciones, cooperativas o sociedades—, el papel de ciudadanos, empresas y entidades locales, las barreras administrativas y financieras y, sobre todo, la necesidad de evolucionar hacia comunidades capaces de incorporar almacenamiento, movilidad eléctrica, gestión de la demanda, agregación o flexibilidad.

Desde Gran Canaria, sin embargo, echo de menos que entre las experiencias analizadas aparezca lo que estamos haciendo en las islas. No por una cuestión territorial, sino porque algunas de esas experiencias permiten matizar problemas que el libro identifica acertadamente y aportar soluciones que pueden resultar útiles en otros lugares.

Un buen ejemplo es la financiación. Andrey y Herrera señalan que la asociación es una fórmula sencilla, democrática y adecuada para comenzar, pero advierten de sus dificultades cuando los proyectos crecen, especialmente por su limitado acceso al crédito bancario. En Gran Canaria hemos buscado una solución diferente. En cuatro comunidades energéticas hemos incorporado la financiación a las propias licitaciones: son las empresas adjudicatarias las que financian las instalaciones durante diez años y a un tipo de interés del 0%. La comunidad puede así mantener una estructura asociativa sin tener que acudir directamente al crédito bancario.

Es una experiencia que refuerza, más que contradice, una de las enseñanzas del libro: la innovación en las comunidades energéticas no puede ser solamente tecnológica; también tiene que ser jurídica, administrativa, contractual y financiera.

La regulación, además, avanza tan deprisa que algunas cuestiones que aparecen todavía abiertas en el libro han empezado a resolverse después de su publicación. La ampliación hasta 5 kilómetros para determinados supuestos de autoconsumo colectivo abre nuevas posibilidades para barrios, municipios y polígonos industriales y resulta especialmente relevante en territorios como Gran Canaria.

Pero quizá la aportación más interesante del libro sea invitarnos a superar definitivamente la identificación entre comunidad energética y placas solares compartidas. Una comunidad puede producir energía, pero también almacenarla, gestionar la demanda, facilitar movilidad eléctrica, combatir la pobreza energética y prestar servicios de flexibilidad. Puede convertirse, en definitiva, en un verdadero agente energético local.

En un sistema insular esa evolución tiene todavía más sentido: producir, almacenar y gestionar energía localmente significa también reducir dependencia exterior y aumentar nuestra resiliencia.

Después de leer a Andrey y Herrera queda una buena pregunta sobre la mesa: ya no se trata solamente de cuántas comunidades energéticas somos capaces de crear, sino hasta dónde queremos que lleguen.

Un libro oportuno, accesible y recomendable para entender las comunidades energéticas, pero sobre todo para quienes quieran dejar de hablar de ellas y empezar a construirlas»

Por Raúl García Brink, consejero de Medio Ambiente, Clima, Energía y Conocimiento del Cabildo de Gran Canaria

Comunidades energéticas. La energía en manos de la ciudadanía, de Jorge Andrey y Joan Herrera

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