El problema social que se deriva de la crisis que desde hace años está viviendo en España la minería del carbón, y que es preciso atender, no debería empañar el análisis de un sector con fecha de caducidad, por su inviabilidad económica y por su fuerte impacto ambiental.
Pero nos ha parecido importante resaltar uno de los párrafos de ese editorial: “Las subvenciones al sector alteran el funcionamiento del mercado energético, en particular las subvenciones a las renovables, pero estas son un sector de futuro, por razones medioambientales y de independencia energética, que debe ser apoyado para que pueda llegar a competir con las fuentes de energía convencionales. No es el caso del carbón”.
Creemos que esa es la gran diferencia: que apoyar a las renovables es apostar por la innovación y el futuro, para que las energías limpias sean cada vez más competitivas y las empresas españolas se mantengan en los puestos de cabeza de ese tren tecnológico que las acompaña. Las ayudas al carbón sólo tratan de dulcificar la caída de un sector, de un combustible que es el paradigma del viejo modelo energético que tiene que pasar a mejor vida.
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