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La industria renovable europea exige pasar a la ofensiva en el CITE25 para no depender de China

Pamplona se ha convertido esta semana en el corazón industrial de la revolución renovable europea con el IV Congreso Internacional de la Industria para la Transición Energética (CITE25), un encuentro organizado por Enercluster con el respaldo del Gobierno de Navarra. Los más de 400 profesionales del sector que abarrotaron este jueves el auditorio de Baluarte en la capital navarra coincidieron en el diagnóstico: Europa debe reforzar su cadena de valor renovable, fortalecer sus redes y simplificar trámites si quiere competir con el empuje asiático, especialmente el que viene de China. En definitiva, Europa debe pasar a la ofensiva y sacar músculo industrial para no convertirse en un mero cliente tecnológico.
IV Congreso Internacional de la Industria para la Transición Energética (CITE25). ER/Manuel Moncada
IV Congreso Internacional de la Industria para la Transición Energética (CITE25). ER/Manuel Moncada

La misma idea sobrevoló durante toda la jornada: Europa debe decidir si lidera la transición energética o si se convierte en dependiente de cadenas de valor del Imperio del Medio (que es precisamente lo que significa China en chino). Y no se trata de un debate abstracto. Se trata de redes, fábricas, licitaciones, normativa y, sobre todo, de soberanía industrial.

Política energética: autonomía estratégica
El ministro de Industria y Turismo, Jordi Hereu, marcó la línea política en la apertura del congreso. Su mensaje: reindustrialización y descarbonización no son caminos paralelos, sino uno solo. "La defensa de nuestras libertades necesita un sustrato de poder económico", advirtió, defendiendo el sol, el suelo y el viento europeos como recursos estratégicos, no sólo energéticos. Hereu reivindicó un modelo industrial propio, competitivo y conectado al mundo, pero no subordinado.

Por su parte, la presidenta de Navarra, María Chivite, reforzó el mensaje desde la escala regional: Navarra es una "tierra de industria renovable" y no piensa renunciar a ese liderazgo, por lo que pidió proteger la cadena de valor local frente a prácticas desleales y convertir la transición energética en un motor de competitividad.

Desde Bruselas, la vicepresidenta ejecutiva para la Transición Limpia, Teresa Ribera, situó el debate en coordenadas macroeconómicas: "la competitividad es verde". La que fuera vicepresidenta del Gobierno de España recordó que la expansión renovable en nuestro país ha reducido en un 75% la exposición a combustibles fósiles desde 2019 y que el precio de la electricidad se sitúa un 32 % por debajo de la media europea. Su intervención culminó con la promesa de un Fondo de Competitividad de 409.000 millones de euros y un banco de descarbonización de 100.000 millones, como herramientas para recuperar autonomía industrial. El mensaje fue claro: Europa tiene el capital, pero necesita velocidad y unidad.

El flanco eólico: un gigante llamado China
La primera mesa de la jornada sirvió para lanzar una advertencia en voz alta: China ya controla más de la mitad de la potencia eólica mundial y está ganando cuota en América Latina, África e incluso España. José Luis Blanco, CEO de Nordex Group, lo llamó "amenaza inminente". Su receta: acelerar licencias, invertir en redes e infraestructuras, apostar por proveedores europeos y garantizar autonomía tecnológica. "No sirve de nada que los aerogeneradores estén en nuestro suelo si la tecnología no la desarrollamos nosotros", subrayó.

Michael Larsen (SM Industries) abogó por una estrategia industrial que priorice la producción local aunque implique precios algo superiores. Su argumento fue económico, ya que pagar algunos euros más por energía puede significar conservar fábricas, empleos y conocimiento. Por su parte, Torsten Tiefel (Silbitz Group) y Adolfo Rebollo (Ingeteam) coincidieron en que Europa no debe imitar el gigantismo chino de turbinas de 20 GW, sino reforzar su ventaja en fiabilidad, reciclabilidad y estándares globales. La clave no es competir por tamaño, sino por resiliencia tecnológica y autonomía de la cadena de suministro.

Renovables en la era Trump
La sesión sobre cadenas de valor renovables expuso lo que ocurre cuando una región decide proteger e incentivar su industria. Mike Carr, director ejecutivo de los Fabricantes de Energía Solar de América (SEMA), explicó cómo la Inflation Reduction Act (IRA) estadounidense ha disparado la instalación de fábricas y centros de datos, e instalaciones renovables, a pesar de la supuesta cruzada contra las renovables del excéntrico inquilino de la Casa Blanca.

Desde su punto de vista, los mensajes que el presidente Trump está lanzando sobre las energías renovables "son contradictorios", ya que "finalmente, parece que el Senado y el Congreso no van a eliminar los subsidios que planteaba la IRA", afirmó Carr. En su último turno de palabra, subrayó la necesidad de contar con mayor capacidad de fabricación de componentes para paneles fotovoltaicos, porque "no podemos obviar que la energía solar es la manera más barata y rápida de conseguir electricidad", remató.

La jefa de la División de Créditos para la Exportación de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), Silvia Gavorníková ofreció un dato contundente: "la tasa de subvención del acero en China es cinco veces mayor al promedio de otras potencias industriales".  Además, indicó que el gobierno chino ha empezado a exigir a las empresas extranjeras "autorizaciones especiales" para exportar materias primas críticas indispensables para la construcción de paneles fotovoltaicos y aerogeneradores, como silicio, aluminio, acero, o semiconductores. El resultado no puede ser otro que un terreno de juego desequilibrado.

Por su parte, Ruben Davis (Cleantech for Europe) apuntó a una herida autoinfligida en el Viejo Continente, ya que "a nivel industrial y político" Europa ha invertido en innovación, pero ha descuidado la manufactura y la protección comercial. Dicho de otra forma "China no innova más; integra mejor".

De la carrera por el megavatio a la transformación estructural
Arantza Ezpeleta (Acciona Energía), Rocío Sicre (EDP Renewables) y João Costeira (Repsol Low Carbon Generation) desmontaron la idea de que la transición consiste solo en instalar megavatios. Además subrayaron que 2025 muestra un mercado desequilibrado, con "más de 600 horas con precios cero o negativos" y una demanda que no crece. Ezpeleta advirtió que la descarbonización de la demanda será el gran desafío. Sicre, más optimista, calificó el bache de coyuntural y pidió mecanismos de capacidad y seguridad regulatoria. Por su parte, Costeira fue tajante: "Solo sobrevivirán los proyectos que aporten valor al sistema".

No obstante, todos ellos coincidieron en revisar el modelo de subastas, para que no sea especulativo y que refleje costes y tiempos reales. Los tres defendieron el contenido europeo en la cadena de valor renovable, porque "no se puede descarbonizar Europa desindustrializando Europa".

Fotovoltaica y almacenamiento: soberanía manufacturera como prioridad estratégica
En la siguiente sesión, Christoph Podewils (European Solar Manufacturing Council) apuntó a la sobrecapacidad china en baterías y módulos solares como uno de los factores clave del retraso europeo. Propuso una estrategia clara de "pagar por calidad" y vincular incentivos públicos a fabricación local.

En este punto, Marc Rechter (MCPV) reclamó un marco regulatorio simple y ágil que permita fabricar en Europa sin perder años en trámites, pero Laurent Bodin (Holosolis) fue más contundente: "Los módulos no pueden venir de China. Hacerlo aquí es cuestión de libertad, soberanía y resiliencia". Hervé Amossé (Saft Energy Storage Solutions) recordó que Europa no puede ya recuperar terreno en volumen de celdas, pero sí liderar en integración de sistemas, software y mantenimiento avanzado. Su visión es más pragmática: competir donde Europa puede marcar diferencia.

Operación y Mantenimiento, almacenamiento, hidrógeno y redes
Tras un descanso que sirvió para coger energía y afrontar las sesiones técnicas paralelas de la tarde, se abordaron los vectores operativos de la transición, unos debates que pusieron en evidencia que la transición no es sólo tecnológica sino también organizativa y logística. Sin redes, sin flexibilidad y sin capacidad de integración, los megas instalados cunden menos. 

Las sesiones paralelas abordaron las siguientes cuestiones:

  • Operación y mantenimiento (O&M): la inteligencia artificial, los drones y la robótica que están reconfigurando costes y disponibilidad.
  • Almacenamiento: lecciones de mercados maduros, diversificación más allá del litio y modelos de negocio escalables.
  • Hidrógeno verde: de la narrativa a las aplicaciones competitivas.
  • Red eléctrica: el cuello de botella crítico para absorber la generación renovable y acelerar la electrificación de la demanda.

Geopolítica de la energía: Europa ante su década decisiva
Yana Popkostova, fundadora del European Centre for Energy and Geopolitical Analysis, cerró la jornada con un mensaje de fondo geopolítico: "Inventamos, pero otros fabrican". Su diagnóstico: exceso de fragmentación, burocracia lenta y tejido manufacturero debilitado. Su propuesta: reindustrializar con rapidez, invertir en redes resilientes, simplificar normativa y alinear las leyes existentes en lugar de crear más.

El presidente de Enercluster, Aitor Erquicia, recogió el guante lanzado por Popkostova: "El futuro es de quienes lo construyen", por lo que llamó a tejer alianzas entre empresas, clústeres y administraciones porque "nos jugamos la autonomía:Nuestra obligación es defender, no llorar". Por su parte, el consejero de Industria, Mikel Irujo, cerró con un recordatorio: la competitividad industrial europea está en juego y "el actual marco regulatorio europeo es insuficiente".

Liderazgo o dependencia
CITE25 no fue un congreso más. Fue una suerte de retrato de Dorian Gray colectivo donde la industria renovable europea pudo ver como sale en la foto sin filtros ni retoques. Y lo que ve el sector en ese retrato es un dilema histórico: reindustrializar o resignarse a depender de terceros.

En resumen, las líneas maestras para revertir esa tendencia quedaron claras:

1) Construir redes, almacenamiento y electrificación de la demanda al ritmo que exige el despliegue renovable. 2) Ligar incentivos públicos a contenido local y autonomía tecnológica. 3) Reforzar mecanismos industriales y comerciales frente a prácticas desleales sin caer en proteccionismo autodestructivo. 4) Convertir la innovación europea en manufactura europea. 5) Comunicar la transición no solo como un reto climático, sino como una estrategia de prosperidad y seguridad.

Aunque Europa ha visto nacer buena parte de la tecnología renovable moderna, la incógnita que quedó flotando en el aire otoñal de Pamplona hasta la próxima edición del CITE -que será la quinta- no es si podremos seguir innovando desde el Viejo Continente.

¿Sabremos tambien fabricar para gobernar nuestro futuro energético?.

 

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