Seguimos emitiendo tanto CO2 a la atmósfera que, para cumplir con los objetivos climáticos, se están considerando otras opciones que complementen la necesaria reducción del uso de combustibles fósiles. La captura y almacenamiento de carbono (CAC) en rocas es una de ellas.
En determinadas condiciones, este proceso permite solidificar el CO₂ y mantenerlo asñillo durante más de 200 millones de años.
Pero cada entorno geológico de la corteza terrestre requiere una solución de almacenamiento de carbono distinta.
Mientras que algunas regiones contienen acuíferos salinos y trampas sedimentarias adecuadas para el almacenamiento tradicional de CO₂ bajo capas impermeables –lo que puede requerir entre 20 y 50 veces más agua que la masa de CO₂ almacenada– otras regiones carecen de dichas capas impermeables.
Investigadores del Instituto de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Islandia (Reikiavik) han encontrado cómo resolver este problema, y lo han probado con éxito en los últimos meses en un proyecto piloto, a escala industrial, que han llevado a cabo en en Jizan (oeste de Arabia Saudí), región donde hay grandes fuentes puntuales de emisión de CO₂, como refinerías de petróleo, pero que carece de acuíferos salinos y trampas sedimentarias.
Lo explican en Nature. “Hemos descubierto que un enfoque de inyección de CO₂ basado en la recirculación de fluidos subterráneos puede eliminar la necesidad de agua externa”, señala Eric H. Oelkers, uno de los autores del estudio. Según el investigador, aproximadamente el 70% del CO₂ capturado se incorporó a la roca en un plazo de diez meses, “lo que demuestra la viabilidad del almacenamiento de carbono mineral en regiones en las que el acceso a los recursos hídricos puede ser limitado”.
Oelkers y sus colegas insisten, no obstante, en que el desarrollo de esta tecnología no sustituye la reducción de emisiones de dióxido de carbono para mitigar el cambio climático.
