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De la fábrica salmantina de Juzbado, la única instalación del país dedicada a procesar uranio para fabricar elementos combustibles para reactores nucleares, salieron 251 toneladas de combustible nuclear en 2025 -un 10,56% más que el año anterior-, de las cuales un 68% fue a parar a mercados internacionales como Bélgica, Finlandia y Francia. Son algunos de los datos que contiene la memoria anual de ENUSA, la empresa pública encargada de suministrar combustible nuclear a los siete reactores nucleares operativos en España... y a los que lo quieran comprar.
España exporta cada vez más combustible nuclear
Fábrica de elementos combustibles de Juzbado. Foro Nuclear

La transición energética suele asociarse al despliegue masivo de energías renovables, el almacenamiento y la electrificación de la economía. Sin embargo, mientras continúa el debate sobre el calendario de cierre de las centrales nucleares españolas, una parte menos visible del sector energético nacional está reforzando su posición en Europa: la fabricación de combustible nuclear, fuente de energía de una tecnología controvertida que Bruselas incluye entre las susceptibles de recibir ayudas o beneficios, pero que el Gobierno no considera como energía verde.

El Grupo ENUSA, participado por la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (60%) y por el Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (40%), tiene como misión principal suministrar combustible nuclear para centrales eléctricas, desde el aprovisionamiento de uranio hasta el diseño y fabricación de elementos combustibles. Pues bien, ENUSA cerró 2025 con un notable crecimiento de su actividad industrial e internacional, ya que la empresa pública duplicó sus beneficios consolidados después de impuestos, hasta alcanzar los 8 millones de euros, frente a los cerca de 4 millones registrados en 2024. Además, elevó su cifra de negocios consolidada hasta los 382 millones de euros, seis millones más que el ejercicio anterior.

Detrás de estos resultados se encuentra, principalmente, la actividad de la Fábrica de Juzbado (Salamanca), una de las instalaciones de fabricación de combustible nuclear más avanzadas de Europa y el principal activo industrial de la compañía, ya que es una de las pocas plantas europeas capaces de fabricar combustible para reactores de agua a presión (PWR) y reactores de agua en ebullición (BWR).

Más producción y mayor presencia internacional
Según la memoria anual de la empresa, la planta produjo 251 toneladas de combustible nuclear, frente a las 227,03 toneladas fabricadas en 2024, lo que supone un incremento del 10,56%. Además, el aumento de la producción vino acompañado de una mayor orientación exportadora, ya que el 68% del combustible fabricado en Juzbado tuvo como destino mercados internacionales, cinco puntos más que el año anterior, cuando el porcentaje exportado fue del 63%. Los principales clientes se encuentran en Bélgica, Finlandia y Francia, países que mantienen un importante parque nuclear y donde la seguridad de suministro se ha convertido en una prioridad estratégica.

En términos aproximados, las exportaciones pasaron de unas 143 toneladas en 2024 a cerca de 171 toneladas en 2025, reflejando la creciente presencia de ENUSA en el mercado europeo.

Un mercado marcado por la geopolítica
El crecimiento de ENUSA se produce en un contexto especialmente complejo para la industria nuclear mundial. Las dificultades de acceso al uranio enriquecido, agravadas por los años de guerra de Ucrania y las tensiones geopolíticas derivadas de la dependencia de Rusia en algunas etapas del ciclo del combustible, han impulsado a Europa a diversificar proveedores y reforzar capacidades industriales propias.

A pesar de estas dificultades, la compañía logró garantizar durante 2025 el suministro de combustible para los reactores españoles de Almaraz I y II, Ascó I y Trillo, asegurando el abastecimiento en los plazos previstos.

La actividad internacional de la empresa también se amplió con nuevos contratos estratégicos. Entre ellos destaca el acuerdo para suministrar combustible a la central sueca de Forsmark entre 2028 y 2033, así como la fabricación de combustible VVER-440 -un tipo de reactor de agua a presión de diseño soviético- para la central finlandesa de Loviisa, uno de los proyectos europeos destinados a reducir la dependencia tecnológica de suministradores rusos.

Además, ENUSA firmó un acuerdo con Westinghouse para suministrar dispositivos ESPIGA -una tecnología desarrollada por ENUSA para reparar y reforzar elementos combustibles nucleares que presentan daños estructurales- a la central taiwanesa de Maanshan, la primera exportación internacional de esta tecnología desarrollada íntegramente por la compañía española.

La paradoja de la transición energética
La evolución de ENUSA refleja una de las paradojas más llamativas de la transición energética española. Mientras algunos países europeos mantienen o amplían sus programas nucleares para reforzar la descarbonización y la seguridad de suministro, España mantiene vigente el calendario de cierre progresivo de sus siete reactores entre 2027 y 2035. Sin embargo, el destino no está carente de cierta ironía cuando, al mismo tiempo que el país se prepara para reducir su propia capacidad de generación nuclear, la industria nacional del combustible nuclear refuerza su presencia internacional.

Dicho de otro modo: la planta salmantina de Juzbado produce cada vez más combustible para centrales de otros países europeos y aumenta año tras año sus exportaciones. Así, España se encuentra en la singular posición de debatir el abandono gradual de la energía nuclear en su territorio mientras consolida una industria que suministra combustible a reactores que seguirán operando durante décadas fuera de sus fronteras. Una paradoja que refleja las complejidades de una transición energética en la que conviven objetivos climáticos, intereses industriales y estrategias de seguridad energética.

 

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