El diagnóstico es compartido y contundente: las redes eléctricas del continente se han quedado rezagadas respecto al vertiginoso crecimiento de las energías renovables. La propia Comisión estima que entre el 40 % y el 55 % de las líneas de baja tensión tendrán más de cuatro décadas en 2030, y calcula que Europa deberá invertir 730.000 millones de euros en distribución y 472.000 millones en transporte de electricidad de aquí a 2040. Una renovación sin precedentes.
Permisos que frenan la transición
Dan Jørgensen, comisario europeo de Energía y Vivienda, sintetizó el problema hace unas semanas con una frase que resuena en despachos políticos y empresariales: "¡Los permisos para las redes energéticas son demasiado lentos!", exclamó el comisario desde su cuenta de LinkedIn. Según Jørgensen, los trámites administrativos ya representan más de la mitad del tiempo total que lleva ejecutar un proyecto energético. De hecho, los permisos para nuevas infraestructuras eléctricas pueden alargarse hasta 10 años, los de renovables hasta 9, y actuaciones relativamente sencillas, como refuerzos de media tensión, requieren hasta 3 años.
La paradoja se agrava conforme la Unión Europa bate récords de nueva capacidad verde. Para 2025 se esperan 89 GW adicionales de energías renovables, pero las redes no logran absorberlos. Según WindEurope, más de 500 GW de energía eólica están pendientes de evaluación para conexión. ¿El resultado? electricidad limpia y barata que podría estar iluminando hogares, comercios e industrias, pero que permanece atrapada en una jungla burocrática.
Invertir hoy para evitar facturas más altas mañana
Energías Renovables ha consultado la opinión de diversos expertos del panorama europeo que ofrecen una visión crítica y realista sobre la cuestión de las redes europeas y su imperiosa necesidad de transformación. He aquí la visión de algunos de ellos:
Ismael Morales, responsable de políticas climáticas de Fundación Renovables, alerta de que la modernización es urgente: "Es mucho más rápido instalar renovables que transportar su electricidad a nuevos consumidores. La demanda no se electrifica al mismo ritmo y esto supone un riesgo, especialmente en España". Morales ve en el paquete europeo una oportunidad doble: acelerar la transición energética y reforzar la soberanía e independencia energética, al tiempo que hogares y empresas reducen sus facturas.
Desde el think tank Agora Energiewende, su codirectora para Europa, Frauke Thies, insiste en que la inversión temprana es una estrategia económica, no solo ecológica: "Invertir ahora en las redes permite reducir futuras facturas energéticas, disminuir las importaciones de combustibles fósiles y proporcionar a la industria europea la energía fiable y asequible que necesita". Thies subraya además la necesidad de una planificación integrada entre sectores y países, clave para asegurar las inversiones y aprovechar plenamente la transformación.
Para Luke O'Callaghan-White, director del programa de transición energética de la UE en E3G, el desafío es estructural: Europa necesita una red "funcional, interconectada y moderna" para desbloquear los beneficios de electrificar su economía. Resolver las colas de conexión y las disparidades regionales será esencial para que la UE no desperdicie el potencial de sus recursos renovables.
La analista sénior de Ember, Elisabeth Cremona, valora el giro metodológico que plantea Bruselas: "El paquete supone un avance hacia la planificación independiente de infraestructuras, al trasladar la responsabilidad del desarrollo de escenarios de los operadores del sistema a la Comisión Europea". Considera imprescindible que este cambio se haga con total transparencia y mediante modelos abiertos.
Una carrera contrarreloj
Europa va tarde, pero no está inmóvil. El nuevo paquete de redes buscará reducir trámites, armonizar procesos entre Estados miembros y establecer una hoja de ruta creíble para la digitalización y la integración transfronteriza. Bruselas confía en que una red más robusta reduzca costes, refuerce la resiliencia energética y mejore la competitividad frente a otras potencias.
La transición energética europea se juega y se gana, en buena medida, en los despachos. Mañana la Comisión detallará cómo piensa desbloquear ese nudo gordiano. El éxito del plan determinará si el continente puede aprovechar su creciente caudal renovable o si seguirá frenado por una infraestructura diseñada para un mundo energético que ya no existe.
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