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BOLIVIA

Hacia un MDL con Equidad y de Carbono Social

Un interesante artículo de Miguel Fernández, director de Energética, sobre los Bonos de Carbono y cómo deberían ser tratados a partir del problemática boliviana. Energética es una institución boliviana, privada sin fines de lucro, que desde 1993 trabaja en el área rural del país, en el campo de la energía. el desarrollo, el medio ambiente y la pobreza.

En Bolivia los proyectos MDL son aún un mito. Por el diseño mismo que tiene el MDL, las comunidades rurales que usan energías renovables, jamas podrian beneficiarse de las reducciones de CO2 que logran día a día. En Cancun, la discusión sobre este mecanismo y su validez para los paises como Bolivia, sigue siendo vigente.
Hacia un MDL con Equidad y de Carbono Social

1. El MDL Desmistificado

Desde la firma y adopción del Protocolo de Kyoto, como instrumento que establece metas para la reducción de gases de efecto invernadero (GEI) (obligatorias para los países desarrollados signatarios del Protocolo), hasta la fecha, la situación de las emisiones de CO2 en el planeta no se ha reducido como se esperaba, más al contrario se ha dado un incremento en las mismas ([1]). Esta situación muestra que a pesar de toda la buena intención de los países signatarios, los compromisos adoptados no eran vinculantes, y el compromiso con el planeta era más una pose que una actitud.

En el marco del protocolo de Kyoto, se pusieron en marcha algunos mecanismos que permitiesen la reducción de emisiones de GEI. En ese sentido, se implementó el Mecanismo de Desarrollo Limpio, el mismo que alentaba la transacción de derechos de emisiones entre países contaminadores y aquellos que capturasen CO2, permitiendo a través de este mecanismo, que los países industrializados acreditasen como propias las eventuales reducciones de emisiones de CO2 que se produjesen en otros países.

Para tener un proyecto MDL ([2]) primero hay que identificar una oportunidad de captura de emisiones, y mientras más grande el volumen de CO2 que se capture, mejor, esta etapa debe concluir con la formulación del proyecto MDL como tal. Como un segundo paso hay que lograr una aprobación oficial del proyecto por cada parte involucrada, a través de su autoridad nacional designada para este efecto.

Posteriormente se valida el proyecto, con el concurso de una entidad neutra e independiente, normalmente una consultora especializada en el tema. Así el proyecto validado, puede oficialmente registrarse ante la junta internacional del MDL, para lo cual también hay que pagar un registro.

Con estos pasos cumplidos, se procede a realizarse un monitoreo de la actividad y también a efectuar una verificación (independiente y periódica) de las reducciones de GEI logradas. Con esta verificación se puede lograr la certificación de que el proyecto ha logrado la reducción de emisiones verificadas.

Disponiendo de la certificación, recién la junta internacional del MDL emitirá los CER´s correspondientes a ambas partes, para lo cual también hay que pagar unos gastos administrativos a la junta internacional, en teoría, destinados a dar asistencia a los países en desarrollo mas vulnerables a los efectos de cambio climático. Los CER´s emitidos pueden distribuirse entre los participantes en el proyecto y, ser negociados en el mercado de carbono.

El proceso anteriormente descrito no es algo muy fácil de realizar ([3]), hasta la fecha, en el mundo los proyectos MDL están son poco más de dos mil, de los cuales unos 460 se encuentran en Latinoamérica y el Caribe. Los costos de transacción de un proyecto normal se estima entre $US 120.000 y $US 250.000 con una duración de trámite de 2 años, mientras que un proyecto reducido entre $US 110.000 y $US 150.000 como muestran experiencias regionales ([4]). Sin embargo en algunos casos, estos costos previstos se van incrementando de manera radical ([5]).

En Bolivia las experiencias más difundidas se concentran en dos proyectos MDL uno sobre bosques (Parque Noel Kempf) y el otro en energía (Hidroeléctrica Boliviana). Para el caso del sector energético, en la experiencia de Hidroeléctrica Boliviana, se ha demorado alrededor de 4 años y demandado recursos importantes. Solamente el proceso entre validación y registro tomo como 600 días ([6]) en un proceso total de poco más de 6 años.

Se puede ver que el proceso descrito no solo es largo y complejo por todos los elementos que van apareciendo, sino que adicionalmente exige condiciones marco que hagan interesante, más que el mismo proyecto, la participación de los potenciales desarrolladores de los CER´s.

Una aproximación a lo que espera para desarrollar un proyecto MDL es la siguiente:

a) En primer lugar, el volumen de emisiones a reducir debe ser grande, no interesará a las entidades “independientes” (consultoras, brokers, etc.) involucradas en el proceso, para dar tiempo y recursos que permitan llegar a buen fin con este proceso, si el negocio no es de proporciones interesantes.

b) En segundo lugar importa mucho el sector en el cual se quiere certificar reducción de emisiones. Mientras menos experiencia exista en la aplicación de metodologías de cuantificación de línea base, monitoreo y cálculo de reducción de emisiones, menos posibilidades de que el proyecto sea aceptado y promocionado. Es decir estamos obligados a plegarnos a las líneas ya desarrolladas. Una modalidad nueva, a pesar de todo el potencial que tenga, puede no ser desarrollada por los costos que significar el desarrollar la metodología.

c) En tercer lugar, si el proceso culmina, se debe entrar a un mercado donde los intermediarios, fondos de inversiones e interesados finales regatean sobre el precio de los CER´s y donde para ser “competitivo” hay que negociar para ofrecer precios más bajos que otros proyectos y otros países.

En cada punto descrito se puede ver qué, la orientación de mercado para el desarrollo del MDL es determinante. Sin embargo, la premisa de que con la participación de agentes de mercado se podría agilizar fuertemente el MDL, rescatando las iniciativas privadas, también es una trampa, porque, en la búsqueda de la rentabilidad se posponen y no consideran otro tipo de proyectos que no sean aquellos que muestran un buen negocio. Otras iniciativas de escalas medianas o pequeñas ([7]), y que se dan en mayor cantidad, no son atendidas y, vistos los procesos, resultan imposibles de certificar dados los altos costos de transacción que se tienen. Esta es una de las razones por las cuales el MDL puesto en marcha no tuvo tampoco los resultados esperados.

Siguiendo el razonamiento, los compradores de CER´s elegirán la mejor oportunidad de inversión, es decir aquella que sea segura, que les de una economía de escala y que además sea barata. Para eso los proyectos MDL deberán ofrecer CER´s en gran volumen, fáciles de verificar, y a bajos precios. Una situación comprensible desde un punto de vista de eficiencia de mercado.

Así, con lo anterior se constata que en su lógica de diseño y funcionamiento, el MDL responde a una práctica mercantil de manejo de las emisiones de CO2 y su captura, donde con la intención “descontaminadora”, se intenta asegurar flujos rentables, en teoría, para ambas partes que participen en cada proyecto MDL, optimizando los beneficios que pueden tener los inversores y, dando oportunidades a los ofertantes de CER´s de obtener recursos adicionales.

Ahora bien, desde un punto de vista menos mercantil, la contradicción es manifiesta, pues resulta que los que fijan el precio a los CRE´s son los agentes contaminadores. Los grandes contaminadores tienen la posibilidad de elegir dónde invertir y donde no, que precios pagar y cómo hacerlo. Mientras que, aquellos grupos, países, regiones que están absorbiendo las emisiones de CO2, deben pelear entre si por tener una oferta “competitiva”. Es decir ofrecer todas las ventajas que buscan los compradores y obviamente a precios bajos. Así los países reductores están compitiendo por recursos escasos “rifando” su potencial de reducción de emisiones

Se puede concluir que aunque el MDL está construido con buena intención, su perspectiva Norte – Sur, no tiene otro fin que canalizar inversiones acorde a las reglas de las grandes empresas, en un nuevo mercado: el de las emisiones de carbono, privilegiando las oportunidades ligadas a buenos negocios antes que el objetivo central: reducir las emisiones de CO2 en beneficio de todo el planeta.

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