El estudio, considerado la referencia más influyente en análisis energético global, ofrece tres escenarios posibles —no como predicciones, sino como marcos de decisión— que exploran cómo las políticas públicas, las inversiones y la innovación tecnológica pueden redefinir el equilibrio entre seguridad, asequibilidad y sostenibilidad.
Son tres escenarios principales: el Escenario de Políticas Vigentes (CPS, por sus siglas en inglés), el Escenario de Políticas Declaradas (STEPS) y el Escenario de Cero Emisiones Netas para 2050 (NZE). Cada uno de ellos traza un futuro energético distinto, lo que permite analizar las implicaciones de las diferentes opciones políticas, de inversión y tecnológicas para la seguridad energética, la asequibilidad y las emisiones.
Durante más de un año, la AIE ha sido objeto de una presión por parte de los republicanos estadounidenses y la administración Trump para que refleje un futuro más prometedor para los combustibles fósiles en sus escenarios, aunque los datos son claros: la transición energética es inevitable. En todos los escenarios la demanda de carbón y petróleo alcanza su máximo antes o alrededor de 2030. También en todos los escenarios las energías renovables crecen más rápido que cualquier otra fuente de energía importante.
La AIE confirma así el cambio estructural del sistema energético global: la "Era de la Electricidad" ha comenzado, las energías renovables crecen a un ritmo sin precedentes y la dependencia de los combustibles fósiles empieza a mostrar sus límites. Sin embargo, la AIE advierte que la transición sigue siendo desigual, que los riesgos para la seguridad energética se multiplican y que la acción coordinada de los gobiernos es más urgente que nunca.
Maria Pastukhova, directora del programa de transición energética del think tank E3G: "El World Energy Outlook de este año deja claro que el escenario de políticas actuales apunta a una dependencia continuada de los combustibles fósiles, una volatilidad persistente del mercado y unos precios de la energía estructuralmente elevados. Esto puede convenir a unos pocos países productores, pero para las economías que representan alrededor del 90 % del PIB mundial, significa una disminución de la competitividad y un bienestar cada vez más expuesto a la voluntad política de los Estados petroleros (en su mayoría autoritarios). Si los países quieren hacer crecer sus economías y proteger a sus ciudadanos de los altibajos de los precios de la energía, deben centrarse sin descanso en la eficiencia energética y la descarbonización de la demanda energética. No se trata solo de medidas climáticas, sino de imperativos económicos".
Diversificación y resiliencia: los nuevos pilares de la seguridad energética
Elaborado por el equipo dirigido por Laura Cozzi y Tim Gould, sitúa la seguridad energética en el centro del debate global. Los riesgos tradicionales asociados al petróleo y el gas se ven ahora acompañados por nuevas amenazas, especialmente en las cadenas de suministro de minerales críticos. Según el informe, un solo país concentra el refinado del 70% de los minerales estratégicos necesarios para tecnologías clave como paneles solares, baterías y vehículos eléctricos.
“Estamos ante un tipo de tensión energética sin precedentes, donde múltiples combustibles y tecnologías se enfrentan simultáneamente a riesgos de seguridad”, señaló Fatih Birol, director ejecutivo de la AIE. “Esto exige la misma determinación internacional que vimos tras la crisis del petróleo de 1973”.
La AIE propone reforzar la cooperación entre países y diversificar las fuentes y rutas de suministro, tanto de combustibles como de materiales críticos, para reducir vulnerabilidades frente a conflictos geopolíticos, ciberataques y fenómenos climáticos extremos.
Renovables, nuclear y gas natural: un tablero reconfigurado
La energía solar sigue siendo la fuente de mayor crecimiento, mientras que la energía nuclear experimenta un renacimiento con nuevas inversiones tanto en plantas tradicionales como en reactores modulares. En este contexto, la capacidad nuclear mundial podría aumentar en más de un tercio para 2035.
En paralelo, los mercados de petróleo y gas muestran un alivio temporal: los precios del crudo se estabilizan entre 60 y 65 dólares por barril, y la oferta de gas natural licuado (GNL) se expandirá un 50% hacia 2030, con Estados Unidos y Catar como grandes impulsores. No obstante, la AIE advierte que esta aparente calma no debe llevar a la complacencia, ya que ambos mercados siguen expuestos a la volatilidad geopolítica.
La electricidad, eje de la nueva era energética
Uno de los mensajes más contundentes del WEO-2025 es que la “Era de la Electricidad” ya ha comenzado. La electrificación de la demanda final crece a un ritmo sin precedentes, impulsada por el auge de la movilidad eléctrica, la climatización, la digitalización y, en particular, la expansión de la inteligencia artificial.
La AIE señala que la electricidad representa actualmente solo el 20% del consumo final de energía, pero ya concentra la mitad de la inversión global en el sector. Esta proporción seguirá aumentando, no solo en países en desarrollo, sino también en economías avanzadas, donde la expansión de los centros de datos está disparando el consumo eléctrico.
“El crecimiento de la demanda eléctrica ya no se limita al mundo emergente; los datos y la inteligencia artificial están reconfigurando también las necesidades de las economías más desarrolladas”, afirmó Fatih Birol, director ejecutivo de la AIE. Según el informe, la inversión mundial en centros de datos alcanzará los 580.000 millones de dólares en 2025, superando por primera vez el gasto en suministro de petróleo.
Bruce Douglas, CEO de la Alianza Global de Energías Renovables: "La AIE muestra que entre 2025 y 2030 construiremos más energías renovables que en los últimos 40 años juntos. Casi toda la nueva demanda de electricidad, impulsada por el crecimiento de la industria manufacturera, la inteligencia artificial, las necesidades de refrigeración y el cambio a los coches eléctricos, será suministrada por energías renovables. Se está produciendo una revolución energética y los combustibles fósiles están quedando al margen del crecimiento".
Las renovables toman el liderazgo
Las energías renovables se consolidan como el motor de este cambio estructural. En todos los escenarios del WEO-2025, las fuentes limpias —en especial la solar fotovoltaica— lideran el crecimiento energético global hasta 2035.
La nueva geografía del consumo energético muestra que el 80% del aumento de la demanda se concentrará en regiones con altos niveles de irradiación solar, lo que abre una oportunidad histórica para el desarrollo de proyectos solares de gran escala en Asia, África y América Latina.
Sin embargo, la AIE advierte que la expansión de la generación no basta por sí sola. La inversión en redes eléctricas y sistemas de almacenamiento crece a un ritmo muy inferior, lo que podría generar cuellos de botella y riesgos de inestabilidad. Desde 2015, la inversión en generación ha aumentado cerca de un 70%, mientras que el gasto en redes solo la mitad.
Minerales críticos: el nuevo talón de Aquiles
El informe alerta sobre un problema estructural que amenaza el desarrollo de las tecnologías limpias: la concentración del refinado de minerales estratégicos. Un solo país controla el refinado de 19 de los 20 minerales clave para la transición energética —como litio, cobalto y níquel— con una cuota promedio del 70%.
Estos materiales son esenciales no solo para paneles solares, turbinas eólicas y baterías, sino también para sectores tecnológicos y de defensa. La AIE advierte que revertir esta concentración será un proceso lento y costoso, y urge a los gobiernos a fomentar cadenas de suministro más diversificadas y sostenibles.
El renacer nuclear y la incertidumbre del gas
La energía nuclear experimenta un resurgimiento como complemento a las renovables en la búsqueda de un suministro estable y libre de carbono. En concreto, la AIE espera que la capacidad nuclear mundial crezca al menos un 33% hacia 2035, impulsada por nuevas inversiones tanto en grandes plantas como en reactores modulares pequeños.
Por otro lado, los mercados de petróleo y gas muestran señales de estabilización. La producción de gas natural licuado (GNL) aumentará un 50% hasta 2030, con Estados Unidos y Catar liderando la expansión. No obstante, la AIE advierte que esta aparente abundancia no debe interpretarse como seguridad: el sector sigue expuesto a tensiones políticas y a un posible repunte de la demanda si las políticas de transición se debilitan.
Objetivos incumplidos y urgencia climática
El WEO-2025 recuerda que el mundo sigue rezagado respecto a sus propios compromisos: 730 millones de personas aún carecen de acceso a la electricidad, y cerca de 2.000 millones dependen de combustibles contaminantes para cocinar. La AIE propone una hoja de ruta para alcanzar el acceso universal a la energía en 2035 y la cocción limpia en 2040, con el gas licuado de petróleo (GLP) como vector de transición.
El panorama climático también es preocupante. Incluso los escenarios más ambiciosos prevén que el aumento de la temperatura global supere los 1,5 °C, aunque aún es posible revertir la tendencia si se logran emisiones netas cero hacia mediados de siglo.
Resiliencia: el desafío silencioso
Más allá de la transición, la AIE subraya la necesidad de fortalecer la resiliencia de los sistemas energéticos ante los efectos del cambio climático, los ciberataques y los fenómenos meteorológicos extremos. Y es que en 2023, las interrupciones en infraestructuras energéticas afectaron a más de 200 millones de hogares, en su mayoría por daños en redes eléctricas.
El mensaje final del World Energy Outlook 2025 es inequívoco: el futuro energético no solo depende de nuevas tecnologías, sino de decisiones políticas y económicas coordinadas. Diversificar, cooperar e invertir de forma inteligente serán las claves para que la transición energética avance con seguridad y equidad.
