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La ciudad de Bruselas instala más fotovoltaica que toda España

Así titulábamos el 7 de septiembre de 2016. Titular demoledor, que venía a colación de la presentación del último Anuario UNEF, el Informe Anual 2016. Lo contamos así: La capital belga y europea, su término municipal, instaló en 2015 más fotovoltaica que España entera: 51 frente a nuestros 49 MW. Lo cierto es que a ese ritmo no hubiéramos alcanzado las cifras de 2026. Pero en la presentación del informe anual 2016 de la Unión Española Fotovoltaica (UNEF) se percibieron por primera vez en mucho tiempo posibilidades de cambio. Siempre y cuando, eso sí, que el Partido Popular no llevara las riendas de la política energética en España.
La ciudad de Bruselas instala más fotovoltaica que toda España

“El mercado fotovoltaico estaba cambiando a una velocidad increíble, mucho más rápido de lo que pensábamos. Sobre todo por la bajada de costes”, dijo aquella mañana de septiembre de 2016 el entonces presidente de UNEF, Jorge Barredo. “En este escenario eran las compañías eléctricas tradicionales las que estaban tomando las posturas más agresivas de precios, como se había visto en las últimas subastas celebradas en México, Sudáfrica, Chile o Brasil. En esas subastas, que solían ser multitecnología, la fotovoltaica se llevaba la parte del león, seguida por la eólica. “Así que no era de extrañar que empezáramos a ver a las eléctricas pidiendo protección para las tecnologías convencionales frentes a las renovables. De hecho ya estaba pasando”, apuntaba Barredo.

En el marco de la presentación de su informe anual del sector fotovoltaico, UNEF mostró aquel día una comparativa de las subastas energéticas internacionales llevadas a cabo aquel año, y definió su posición respecto a la próxima subasta prevista para otoño en España. UNEF defendía, por una parte, que el criterio de la fijación del precio fuera en función del precio por kWh ofertado, para evitar sobre–retribuciones, y que se asegurara la certeza en la realización de las plantas, para lo que se debían fijar avales, procesos precalificatorios y penalizaciones que eliminaran posibles elementos especulativos, pero no implicaran una disminución del grado de competencia.

Además, las cantidades a subastar deberían ser fijadas en función de la energía producida, en lugar de atender a la potencia instalada, para una mayor certidumbre en la consecución de los objetivos establecidos por la Comisión Europea. Se estimaba que para alcanzar estos objetivos sería necesaria la realización de, al menos, una subasta anual de 3 TWh. La visibilidad a largo plazo de un programa de subastas era esencial para generar industria local y empleo estable, consideraba UNEF.

El director general de UNEF, José Donoso, trató de definir a un tipo de jugador que parecía cada vez más habitual en las subastas eléctricas. “Era el que jugaba pensando ‘yo quiero entrar, así que voy a ofrecer por debajo de mis costes’, y lo hacía pensando que otros por arriba pujarían más alto y nivelarían los precios. El problemas era que luego no se harían esas instalaciones”.

Barredo estaba convencido de que la fotovoltaica era ya competitiva económica y tecnológicamente. “Estaba seguro que en subastas en España la fotovoltaica rebajaría el precio medio del pool en los últimos años”. En principio parecía que había una subasta planteada de unos 3.000 MW pero nadie sabía si habría un cupo para la fotovoltaica.

España no cumpliría los objetivos europeos de 2020
Por otro lado, el presidente de UNEF creía que “España no iba a cumplir con los objetivos europeos de 2020, si no se tomaban medidas claras y urgentes de fomento al desarrollo de la fotovoltaica y de todas las energías renovables”.

Las recientes experiencias internacionales de las subastas llevadas a cabo en Chile y México, en las que se había llegado a obtener precios mínimos de 2,31 centavos de dólar por kWh y de 3,5 centavos de $/kWh respectivamente, habían puesto de manifiesto la creciente competitividad del sector fotovoltaico frente a las energías tradicionales. “Ahora era el momento de aprovechar estas experiencias, para que en España también se replicara lo que estaba pasando a nivel internacional” señaló Barredo.

Barreras económicas y administrativas
El informe anual seguía mostrando un estancamiento del mercado fotovoltaico español, que había reducido drásticamente su ritmo de instalación, representando una parte aún muy reducida dentro del contexto mundial. En 2015, la potencia fotovoltaica instalada en España fue de 49 MW, frente a los 22 MW registrados el año anterior, y acumuló una potencia total de 4.700 MW. De los 49 MW instalados el pasado año, 13 MW correspondían a instalaciones aisladas, la mayor parte de bombeo.

Así, frente a otros países que seguían desarrollando la fotovoltaica, países con los que el mercado español debería compararse por capacidad técnica y relevancia internacional, España destacaba por haber reducido drásticamente su ritmo de instalación a raíz de las barreras económicas (“impuesto al sol” para energía autoconsumida) y administrativas que limitaban el desarrollo de esta modalidad de producción. “Y que solo actuaban para proteger los intereses de los lobbys eléctricos”, señalaban desde UNEF.

No era de extrañar que, dada la situación de incertidumbre en España, las empresas españolas participaran cada día en más en los mercados internacionales, con presencia destacada en países como México, Reino Unido o Sudáfrica.

José Donoso insistió que “lo único que queríamos para el autoconsumo eran reglas justas”. Y facilitar al máximo los trámites administrativos para las instalaciones sin conexión a red y, por tanto, que autoconsumían el total de la producción. “Las instalaciones sin vertido no tenían que pagar ningún tipo de peaje”. Tampoco se entendían los obstáculos al autoconsumo colectivo. “Era un despilfarro, era absurdo”. Donoso volvió a defenderse de las críticas que calificaban de insolidarios a los autoconsumidores: “por cada 100 MW instalados el sistema eléctrico podría dejar de ingresar unos 3 millones de euros. Si estábamos hablando de permitir la instalación de unos 400 MW, el sistema perdería unos 10-12 millones de euros, cuando facturaba unos 17.000 millones. Si había que ponerse a hacer cuentas deberíamos poner otras partidas mucho mayores sobre la mesa”.

Un 25% de crecimiento y reducción de costes
En el marco internacional, el informe señala el incremento de potencia fotovoltaica instalada durante 2015 con 50 GW nuevos, que representa un aumento del 25% con respecto al año anterior y eleva la potencia total acumulada a los 230 GW. Asimismo, durante el pasado año continuó el desplazamiento del mercado fotovoltaico hacia los países emergentes, sobre todo asiáticos (India, Pakistán, China y Japón).

UNEF 2016. Evolución instalaciones fotovoltaicas en el mundo

En cuanto al reparto de potencia instalada, Europa representó en 2015 el 16% de la energía fotovoltaica mundial, posicionándose a la cabeza Reino Unido, Alemania y Francia y destacando la apuesta por la fotovoltaica de países como Turquía y Dinamarca. La cobertura de toda la demanda energética europea fue suministrada por fotovoltaica en un 4% y, en el caso concreto de España, la fotovoltaica aportó un 3% a la demanda total del pasado año.

La fotovoltaica fue la tecnología energética en la que más se invirtió en el mundo en 2015: hasta 161.000 de dólares. “Y lo que estaba empujando hacia arriba las inversiones fotovoltaicas que hacían los países era ya la competitividad, lograr los precios más bajos en las subastas”, afirmaba José Donoso. La constante evolución tecnológica había permitido que los precios de los módulos y otros componentes de las instalaciones siguieran bajando, “en torno a un 15% el año anterior, y la caída acumulada en los últimos 10 años estaba entre el 75-80% en toda la cadena de valor”.

Las líneas de evolución de la fotovoltaica se basaban en la reducción de costes y el aumento de la eficiencia, que en algunos casos, los mejores, alcanzaba el 22,55. Hablando siempre de paneles comerciales. El almacenamiento representaba el desafío más relevante, porque aseguraría la mayor penetración de la fotovoltaica en todos los países, una tecnología sostenible energéticamente y que garantizaba la producción de energía barata.

Y si bien era cierto que Europa había perdido en gran medida los puestos de cabeza que ostentaba en tecnología fotovoltaica, quería volver a recuperarlos. Lo haría, entre otras cosas, a través de la revisión del Plan Estratégico en Tecnologías Energéticas (SET–Plan), que proponía, entre otras cosas, “incrementar la eficiencia de los módulos en al menos un 20% (comparado con los niveles de 2015) para 2020, y en un 35% para 2030; alargar la vida útil de los paneles hasta los 30 años, y reducir los costes en un 20% para 2020 y hasta un 50% para 2030”. Si estas previsiones se acercasen a la realidad no parecía difícil predecir qué tecnología energética dominaría el panorama global a mediados de siglo.

 

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