Las diferencias energéticas entre las áreas urbanas y rurales son abismales, ya que las ciudades más grandes del país tienen un abastecimiento regular de gas licuado de petróleo (GLP), gas natural (GN), combustibles líquidos y electricidad, mientras que en el área rural la provisión de estos fluidos es aleatoria cuando no inexistente.
Así, el estudio, realizado por el Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA), muestra que el área urbana centra su suministro energético en la electricidad y el GLP (ambas representan el 87% del consumo total), mientras que en el área rural la mayor importancia está en la biomasa (93%) y en el diésel/kerosene (4%).
También se cita allí que según “el criterio de medición de la pobreza en Bolivia basado en las Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI), se observa que el número de hogares rurales en condiciones de pobreza extrema es muy próximo al número de hogares en el área rural que no cuentan con energía eléctrica, lo que implica que el 90,17% de hogares sin energía eléctrica del área rural corresponden a hogares en situación de pobreza extrema (indigencia y marginalidad)”.
En general, fuentes de energía como la electricidad, el kerosén, las velas, las pilas y el diésel, que se usan para fines no térmicos, no son representativos en la matriz energética de los hogares rurales, que representan sólo un 11% del consumo final de la energía. Aunque no exigen grandes cantidades de energía, la iluminación (5%) y el acceso a medios de comunicación (2%), principalmente la radio, son demandas de corte estratégico por su impacto en la calidad de vida rural, agrega el estudio.
Más información:
www.cedla.org
