"Extremadura ha instalado más de 7.000 megavatios de renovables en los últimos años y tiene 16.000 adicionales previstos hasta 2030, más que suficientes para cubrir la producción de Almaraz. Las tecnologías actuales de almacenamiento ya permiten dar estabilidad al sistema. Las renovables no son una promesa: son una realidad viable". Lo dicen Adenex, Greenpeace y Ecologistas en Acción en un manifiesto titulado "No a la prórroga de Almaraz". El documento denuncia cómo "la industria nuclear está presionando para prolongar un modelo energético obsoleto, sucio, caro y peligroso, ocultando que cada año extra de funcionamiento de la central de Almaraz aumenta el riesgo de accidente de una instalación claramente envejecida en un contexto en el que no existe ni siquiera un plan de evacuación externa para la población circundante en caso de accidente".
Frente a ese escenario, las tres organizaciones ecologistas proponen "políticas de transición justa adecuadas", que habrán de pasar por "el desmantelamiento, la descontaminación y la sustitución por energías limpias", todo lo cual -sostienen- supondrá la creación de empleos "para toda la región y para el país". Diversos estudios, como el realizado por Abay, predicen -avanzan desde Adenex- más de 300.000 nuevos empleos "asociados al cierre y sustitución de los reactores en todo el estado español".
El ejemplo más vigente de que, una vez cerrada la central, no se acaba el trabajo lo da en tiempo presente Vandellós. La central nuclear de Vandellós I, fuera de servicio (tras un accidente) desde 1989, no ha alcanzado aún siquiera la fase 3 de desmantelamiento, que comenzará en 2030, es decir, 41 años después del incendio que obligó a su desconexión. El desmantelamiento del parque nuclear nacional (más allá de ese caso concreto) tiene muchos años de trabajo por delante pues.

El séptimo Plan General de Residuos Radioactivos, aprobado hace unos meses, maneja el horizonte del año 2100, o sea, que va a haber trabajo para rato.
[A la derecha de estas líneas, costes totales de la gestión de los residuos radiactivos, en miles de euros de 2023, para el periodo 1985-2100, según el 7º Plan General de Residuos Radiactivos (PGRR, Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Gobierno de España). El sistema de gestión de Residuos Radiactivos y Combustible Gastado, incluido el desmantelamiento y clausura de instalaciones nucleares, dispone de un sistema de financiación que se fundamenta en el principio de que “quien contamina, paga”, y que se basa en dotaciones al denominado “Fondo para la financiación de actividades del PGRR”. RBBA: Residuos de Muy Baja Actividad. RBMA: Residuos de Media y Baja Actividad. CG: Combustible Gastado. RAA: Residuos de Alta Actividad. I+D: Investigación y Desarrollo].
Las compañías propietarias de los siete reactores nucleares que aún operan en España (Iberdrola, Endesa, Naturgy y EDP) firmaron en marzo de 2019 un "protocolo de cierre ordenado de explotación" con la Empresa Nacional de Residuos Radioactivos SA (Enresa), con un calendario de cierre para todo el parque nuclear nacional. La fecha de cierre fijada en el calendario para Almaraz I es 2027 (cuarenta y siete años tendrá entonces ese reactor), mientras que la fecha prevista para el cierre de Almaraz II es 2028 (cuarenta y cinco años tendrá entonces ese segundo reactor).
La jerga nuclear denomina "sucesos notificados" a las averías que sufren las centrales nucleares (averías que los propietarios de estas instalaciones deben notificar al Consejo de Seguridad Nuclear, CSN). Pues bien, los siete reactores que aún operan en España han sumado hasta 37 "sucesos notificados" en el año 2024 (seis de ellos, en Almaraz, cuyo territorio, 40 años después del comienzo de la operación de la central, no cuenta con "un plan de evacuación externa para la población circundante en caso de accidente", recuerdan los firmantes del manifiesto.
Ecologistas, Adenex y Greenpeace insisten en que se mantenga lo redactado en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (que Almaraz cerrará entre 2027 y 2028) y proponen alternativas para la población y el territorio. Entre ellas, las siguientes.

● Inversión en comunidades energéticas locales que permitan a los municipios y cooperativas generar, almacenar y gestionar su propia energía.
● Apoyo a sectores estratégicos del territorio, como la agricultura ecológica y su transformación, el turismo de naturaleza y el autoconsumo renovable.
● Formación profesional y reconversión laboral para las personas trabajadoras de la CNA y sectores asociados en empleos que ahora mismo faltan en la zona.
● Activación del polígono industrial regional de Navalmoral y la terminal ferroviaria adosada que permitan poner en situación estratégica la comarca del Campo Arañuelo.
Energías Renovables reproduce a continuación, íntegramente, el manifiesto "No a la prórroga de Almaraz", que firman Adenex, Greenpeace y Ecologistas en Acción.
No a la prórroga de Almaraz. ¿Alargar las nucleares? No, gracias
La Central Nuclear de Almaraz (CNA) fue diseñada para funcionar durante 40 años y ya ha superado en más de 4 años su vida útil. Más de 40 años en los que ha acumulado cientos de paradas por fallos técnicos no programados y en los que ha generado residuos radiactivos que permanecerán activos durante milenios. Pretender alargar su vida hasta 2030 o más allá, como plantean sectores de la industria y algunos partidos, es un acto de irresponsabilidad política y técnica que contradice la legalidad vigente, pone en riesgo a la población de España y Portugal y al medio ambiente, además de vulnerar los compromisos recogidos en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC). La industria nuclear está presionando para prolongar un modelo energético obsoleto, sucio, caro y peligroso, ocultando que cada año extra de funcionamiento de la central de Almaraz:
● Aumenta el riesgo de accidente de una instalación claramente envejecida, en un contexto en el que no existe ni siquiera un plan de evacuación externa para la población circundante en caso de accidente.
● Genera residuos que nadie sabe gestionar de forma definitiva y que van a permanecer activos durante miles de años con un coste ambiental incalculable.
● No sirve como mecanismo energético de emergencia como bien se demostró en el apagón de abril de 2025.
● Bloquea el desarrollo de un sistema basado en energías limpias, locales y seguras puesto que ocupa un porcentaje del mix energético que podría estar producido con energía renovable.
Durante décadas han querido hacer creer a la población del entorno de Almaraz que esta es la única salida económica y energética posible y que el riesgo de un accidente y la convivencia con los residuos nucleares era el precio a pagar por tener el desarrollo económico que las centrales ocasionan. Estas ideas repetidas hasta la saciedad por las empresas propietarias han ocasionado un estado de opinión polarizado que está siendo utilizado como arma electoral en el contexto de las elecciones extremeñas. Pero la realidad es que el cierre nuclear, además de inevitable por cuestión de edad de los reactores y necesario para dar paso a un modelo energético realmente limpio, supone una gran oportunidad. Con las políticas de transición justa adecuadas, el desmantelamiento, la descontaminación y la sustitución por energías limpias supondrán la creación de empleos para toda la región y para el país. Diversos estudios, como el realizado por Abay, predicen más de 300.000 nuevos empleos asociados al cierre y sustitución de los reactores en todo el estado español.
Por otro lado, el sector nuclear, mientras pide que se le rebajen los impuestos, repite una serie de bulos para que la sociedad le “renueve” la licencia que alargue su existencia:
1. Nos intentan hacer creer que no contamina, pero si contamos todo su ciclo de vida (desde la minería, enriquecimiento, construcción, hasta el desmantelamiento) las emisiones son mucho más elevadas que las tecnologías renovables. Además, obvian que también los residuos radiactivos son contaminación: un legado que perdurará durante generaciones. En España ya se acumulan decenas de miles de metros cúbicos de residuos y miles de toneladas de combustible gastado altamente radiactivo. Es una obviedad que, si se extiende la vida de las centrales y se producen más residuos, el problema se hará más grande, por no decir que estos residuos permanecen en los terrenos de las centrales hasta que se construya el almacén geológico profundo, cosa que no ocurrirá hasta dentro de décadas.
2. También repiten que es una energía barata y genera autonomía energética frente al petróleo o el gas, pero la realidad es bien diferente: El problema que enfrenta el sector nuclear es que su electricidad es más cara de producir que la generada con tecnologías renovables incluso con almacenamiento y eso lo pagamos al final los usuarios en la factura. Los costes estimados de la energía nuclear en España son de entre 70 y 80 €/MWh por unidad de energía producida, muy por encima de los 30-40 €/MWh de las energías solar, fotovoltaica y eólica.
3. Por otro lado, desde el inicio del conflicto en Ucrania, nos hemos dado cuenta de una realidad: las centrales nucleares son completamente dependientes de la importación de combustible nuclear, sobre todo de la esfera de influencia rusa. Esto quiere decir que, al igual que ocurre con el petróleo y el gas, seguimos atadas a fuentes de energía sucia y en manos de autocracias. Esto nos hace también cómplices de sus violencias.
Cerrar Almaraz es una oportunidad
El cierre de Almaraz no es una condena. Es una oportunidad histórica para transformar Campo Arañuelo en un modelo de transición justa y sostenible. Extremadura ya ha sufrido durante demasiado tiempo los riesgos que conlleva una central como Almaraz. Ha sido y es una región que exporta electricidad y pese a esto, sufre el abandono de los servicios públicos, como el ferrocarril. El modelo empresarial de Almaraz no deja riqueza ni empleo duradero en el territorio: su fiscalidad beneficia a las grandes empresas fuera de Extremadura, no a la población local.
Es por ello que reclamamos un plan de reconversión que aproveche la oportunidad que brinda el cierre de la central de Almaraz con recursos reales y que incluya:
● Inversión en comunidades energéticas locales que permitan a los municipios y cooperativas generar, almacenar y gestionar su propia energía.
● Apoyo a sectores estratégicos del territorio, como la agricultura ecológica y su transformación, el turismo de naturaleza y el autoconsumo renovable.
● Formación profesional y reconversión laboral para las personas trabajadoras de la CNA y sectores asociados en empleos que ahora mismo faltan en la zona.
● Activación del polígono industrial regional de Navalmoral y la terminal ferroviaria adosada que permitan poner en situación estratégica la comarca del Campo Arañuelo.
La transición ya está en marcha: Extremadura ha instalado más de 7.000 MW de renovables en los últimos años y tiene 16.000 MW adicionales previstos hasta 2030, más que suficientes para cubrir la producción de Almaraz. Las tecnologías actuales de almacenamiento ya permiten dar estabilidad al sistema. Las renovables no son una promesa: son una realidad viable.
Exigimos
● El cierre definitivo y en plazo de la Central Nuclear de Almaraz en 2027 y 2028, tal como recoge el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima 2030.
● Que se realice una investigación para que los residuos acumulados sean almacenados de manera que se garantice que no haya contaminación a largo plazo para las generaciones futuras financiado íntegramente por las compañías propietarias de la CNA, no por la ciudadanía.
● Un Plan de Transición Justa para Campo Arañuelo, con participación local y financiación pública, que garantice alternativas económicas sostenibles.
● La restauración ecológica total del emplazamiento nuclear una vez concluido el desmantelamiento y el periodo de vigilancia.
No más regalos a la industria nuclear
Las eléctricas han tenido décadas de beneficios, por unas centrales nucleares siempre con incidentes y accidentes como el de Palomares, Ciudad Universitaria de Madrid, Vandellós y una minería del uranio ya cerrada definitivamente. No pueden ahora exigir rebajas fiscales, como ha ocurrido con la ecotasa en Extremadura, ni transferir a la sociedad los costes y riesgos de sus decisiones.
El dinero de los ayuntamientos del entorno –que llega a representar hasta el 80% de sus presupuestos en algunos casos– es un regalo envenenado que no justifica perpetuar una fuente energética caduca y peligrosa, que no ha sido capaz, por corrupción continúa y falta de control democrático, de generar recursos de empleo e industria a fin de amortiguar un cierre ya conocido de antemano.
La energía del siglo XXI será renovable, distribuida, limpia y democrática. Y Extremadura puede liderar ese cambio. Pero no lo hará si seguimos anclados en un pasado nuclear que nos priva de autonomía, justicia y seguridad. Es momento del cambio. Por eso decimos
¿Alargar las nucleares? No, gracias. ¿Alargar la vida de Almaraz? No, Gracias.
El calendario de cierre de las centrales nucleares españolas fija el año 2035 como el de la desconexión del último reactor.
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La energía nuclear 12,6 % no entusiasma, pero todavía existen excesivo consumo de petróleo 44,2 % y gas 20,9% que tenemos la obligación prioritaria de disminuir con energías renovables 19,8 %. Nuestra actividades tienen que ir dirigidas a promocionar el uso del transporte colectivo electrificado bus, taxi y reparto que son los que más km. hacen anualmente. Estos se tienen que cargar principalmente en horario nocturno donde no tenemos disponibilidad de energía solar, por eso se recomienda no tener prisa en cerrar las nucleares. Preferimos cerrar la refinería de Cartagena que es la instalación industrial más contaminante de España que Almaraz. Para digerir el miedo nuclear, recuerdo las más de 100 victimas anuales que produce en España el monóxido de carbono, especialmente entre la población más vulnerable.
