Según Oxfam, mientras que el Norte Global concentra el 50% de las inversiones en energías limpias y China un 29%, regiones como América Latina apenas recibieron el 3% en 2024. Por su parte, el Sudeste Asiático, Oriente Medio y el continente africano registraron apenas un 2% cada una, pese a que el África subsahariana alberga al 85% de la población mundial sin acceso a la electricidad.
La ONG subraya que América Latina, que posee casi la mitad del litio mundial, solo capta alrededor del 10% del valor generado por su explotación, una brecha que refleja una "transición energética secuestrada" por élites políticas y económicas que repiten las mismas lógicas extractivistas del pasado colonial.
Amitabh Behar, director ejecutivo de Oxfam Internacional: "La transición vital de los combustibles fósiles hacia las energías renovables está siendo capturada por contaminadores superricos —individuos, empresas y países— que reproducen patrones coloniales, profundizan las desigualdades y alimentan violaciones de derechos humanos".
El coste de la transición energética: Expolio mineral y derechos vulnerados
El informe documenta casos de explotación en torno a minerales críticos como el litio, el cobalto y las tierras raras, así como acaparamientos de tierras para bioenergía y proyectos de energía solar, eólica e hidroeléctrica a gran escala. Estas iniciativas, impulsadas principalmente por intereses del Norte Global, a menudo implican violencia, trabajo forzoso y degradación ambiental, con escasa o nula participación de las comunidades locales.
Una de las posibles lecturas es que los países desarrollados han externalizado el coste de vida "verde" en lugares remotos en los que hay que cavar muy profundo y con mucha ambición para alimentar la transición energética occidental.
Y es que -según Oxfam- la expansión minera, los procesos de refinado mineral (que son de todo menos refinados) y los megaproyectos de energía verde amenazan los derechos de pueblos indígenas en hasta un 60% de sus territorios reconocidos —unos 22,7 millones de kilómetros cuadrados—, una extensión equivalente a la suma de Brasil, Estados Unidos e India.
El caso de la República Democrática del Congo es paradigmático: cada automóvil eléctrico de Tesla, la empresa de Elon Musk, contiene tres kilos de cobalto procedente de ese país. Sin embargo, por cada vehículo vendido, Tesla obtuvo unos 3.145 dólares de beneficio en 2024, 321 veces más de lo que percibió el Congo por su materia prima. Si el país africano retuviera la totalidad del valor de su cadena de suministro, podría generar más de 4.000 millones de dólares anuales, suficientes para proporcionar energía limpia a la mitad de su población.
La desigualdad energética del siglo XXI
El informe denuncia que el 10% más rico de la población mundial consume la mitad de toda la energía del planeta, mientras que la mitad más pobre apenas accede al 8%. Solo el 1% más rico utiliza suficiente energía como para cubrir siete veces las necesidades básicas de quienes aún carecen de electricidad.
"Los países ricos y las élites superricas están llevando la crisis climática al punto de quiebre, acaparando el presupuesto de carbono mediante sistemas profundamente desiguales y extractivos. Ahora pretenden controlar la transición energética a costa de los más vulnerables", alertó Behar.
Mientras tanto, los países del Sur Global —endeudados hasta un total de 11,7 billones de dólares— enfrentan enormes obstáculos para financiar su propia transición. Esa deuda equivale a más de 30 veces el costo estimado de garantizar energía limpia universal para 2030.
Una transición verdaderamente justa
Oxfam propone un cambio radical en la arquitectura financiera y política global, con un enfoque "público primero" que priorice la cooperación y la reparación histórica. Entre sus recomendaciones, pide reformar los sistemas internacionales de impuestos, comercio y financiamiento, garantizar los derechos laborales e indígenas y poner fin a las prácticas extractivas.
"Abordar la desigualdad y el colonialismo en la transición energética ofrece la oportunidad de rediseñar completamente el futuro energético", sostiene el director de Oxfam. "Ya existen comunidades indígenas, mujeres, trabajadores y gobiernos locales que construyen sistemas basados en la justicia, la equidad y el cuidado ecológico. Debemos apoyarlos para que la transición deje de servir al lucro y empiece a servir a la vida".
El 1% más rico amplía la brecha de emisiones
A pocos días del inicio de la COP30, Oxfam también respondió al Informe sobre la Brecha de Emisiones del Programa de la ONU para el Medio Ambiente (UNEP), que alerta sobre el incumplimiento de los compromisos del Acuerdo de París.
Desde su adopción en 2015, el 1% más rico del planeta ha emitido más del doble de carbono que la mitad más pobre de la humanidad. "Esta desigualdad es mortal", señaló Nafkote Dabi, responsable de política climática de Oxfam. "Las emisiones extremas de los más ricos están agotando el poco margen de carbono que queda para evitar el desastre climático, mientras las comunidades pobres sufren las consecuencias".
Oxfam insta a los líderes globales reunidos en Belém a que la COP30 marque un punto de inflexión: recortar las emisiones del 1% más rico, gravar sus beneficios y garantizar una transición justa que priorice a las personas y al planeta sobre el lucro corporativo.
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