Durante la presentación del llamado Plan de Energía Limpia, la administradora de la Agencia Medioambiental (EPA, por sus siglas en inglés), Gina McCarthy, dijo que además habrá un mayor impulso a las energías renovables y a la eficiencia energética.
Está claro que este paso de Obama no sorprende, ya que son muchas las declaraciones y los hechos que su administración ha llevado a cabo en ese sentido. Sólo basta mencionar el impresionante crecimiento que han tenido bajo su mandato la eólica y la fotovoltaica, esta última tanto en su cara comercial como en la residencial.
La reacción
Como era de esperarse, también han surgido voces en contra. Para empezar desde los estados en los que el carbón, una de las principales materias primas de las centrales termoeléctricas, es la fuente económica por antonomasia.
Otra reacción destacable, quizá no por su rigurosidad -algunos puntos son fácilmente rebatibles con datos científicos-, sino por la acumulación de puntos en contra es la que sostiene el National Center for Public Policy Research, el Centro Nacional para Investigación de Políticas Públicas, un think thank conservador habitualmente contrario a iniciativas destinadas a paliar el cambio climático o al servicio nacional del salud que impulsa la actual administración, popularmente conocido como ObamaCare.
Entre las diez razones por las que no debe llevar adelante el Plan de Energía Limpia, figura, por ejemplo, que "el mundo no se está calentando".
Una de las más curiosas es la que sostiene que "las Leyes contra el calentamiento mundial dañan a la gente", y que "todas las principales propuestas legislativas y normativas para combatir el calentamiento global matan empleos y desproporcionadamente dañan a la gente y a las minorías de bajos ingresos".
Otro punto se refiere a abjurar de la idoneidad científica del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), al que juzga de manipulado políticamente por los gobiernos.
El punto 9 vale la pena transcribirlo íntegro: "Los grupos ecologistas dan consejos contraproducentes. Con el pretexto de la crisis del calentamiento global, los principales grupos ambientalistas se oponen paradójicamente las principales fuentes de energía que pueden reducir las emisiones de CO2, como la energía nuclear, la energía hidroeléctrica y el fracking, y buscan leyes para limitarlos".
Seguramente, esta batalla dialéctica no terminará aquí.
