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Un bombardero B-52 consume en una hora la misma cantidad de combustible que un conductor medio en 7 años

La Primera Conferencia sobre la Transición para Abandonar los Combustibles Fósiles, foro que ha tenido lugar la última semana de abril en la ciudad caribeña de Santa Marta, y que ha sido organizado por los gobiernos de Países Bajos y Colombia, es una iniciativa que ha nacido con el propósito de superar la "arquitectura internacional tradicional en materia climática" (las cumbres del clima), para constituirse en un foro centrado específicamente "en las soluciones". Han participado en la Conferencia de Santa Marta más de 60 países, pero también muchas organizaciones de la sociedad civil, entre ellas, la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad, que ha colocado en el foco del debate climático el gasto militar y las guerras, que considera íntimamente vinculadas al cambio climático. [Foto: Boeing].
Un bombardero B-52 consume en una hora la misma cantidad de combustible que un conductor medio en 7 años

El gasto militar -denuncia la Liga- lleva más de una década aumentando, hasta alcanzar los 2,7 billones de dólares estadounidenses en 2024 y los 2,88 billones en 2025, y, "mientras tanto, existe un déficit de 4 billones de dólares en la financiación necesaria para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible a nivel mundial y, de esa cifra, un déficit de 2 billones de dólares para las medidas de transición climática y energética". Es la denuncia que ha expuesto en la Conferencia de Santa Marta la Women's International League for Peace and Freedom, que tiene claro que "el militarismo, el cambio climático y la destrucción del medio ambiente son crisis interrelacionadas". Abordar estos riesgos -sostiene la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad- requiere desviar la financiación de la guerra hacia la justicia climática global, "con la transición fuera de los combustibles fósiles como pilar fundamental de un marco de reasignación a través de un Tratado sobre Combustibles Fósiles".

El informe El doble dividendo: cómo la reducción del gasto militar puede financiar una transición justa, que acaban de publicar la Liga y Fossil Fuel Treaty Initiative, examina los "profundos vínculos estructurales entre el militarismo, la dependencia de los combustibles fósiles y la crisis climática". El doble dividendo... destaca que el gasto militar mundial fijó nuevo máximo (2,7 billones de dólares estadounidenses entre 100 países) en 2024, y ha vuelto a marcar nuevo récord en 2025, curso en el que esa cifra se ha elevado hasta los 2,88 billones de dólares. Más aún: el informe estima que ese gasto podría alcanzar entre 4,7 y 6,6 billones de dólares para 2035. "El gasto de los ejércitos más grandes fue 30 veces superior a la financiación climática que actualmente se destina a las naciones más vulnerables del mundo".

El informe sostiene que la reducción del gasto militar "es una de las palancas más importantes —y más eludidas políticamente— de las que se dispone para financiar una transición global justa que abandone los combustibles fósiles".

Estas son las "conclusiones principales" que destacan en su informe la Liga y Fossil Fuel Treaty Initiative
«Reducir el gasto militar para financiar una transición justa a escala mundial es una solución beneficiosa para todos en el contexto global actual. El planeta se está calentando a un ritmo sin precedentes, y los últimos once años han sido los once más cálidos de los que se tiene constancia.

Al mismo tiempo, los conflictos armados y los desplazamientos forzados también se encuentran en su nivel más alto desde el final de la Segunda Guerra Mundial, con 62 conflictos en 36 países en 2024 y más de 117 millones de personas desplazadas por la fuerza a mediados de 2025.

Esta cifra ni siquiera refleja los costes humanos, ecológicos y económicos de los conflictos en expansión y el genocidio en Oriente Medio y Ucrania.

En marzo de 2026, más de 240.000 personas habían perdido la vida a causa de la violencia relacionada con los conflictos y el genocidio en los doce meses anteriores.

Se trata de una crisis de prioridades, no de recursos. Los países más ricos del mundo dedican 30 veces más recursos a la guerra que los que se proporcionan a los países más vulnerables a los efectos del cambio climático.

La guerra y la actividad militar, impulsadas por el gasto militar, se encuentran entre los factores más importantes, sistémicos y menos tenidos en cuenta de la crisis climática.
Si fueran un país, las fuerzas armadas del mundo serían el cuarto mayor emisor de carbono, por detrás de China, Estados Unidos y la India.

Un solo avión militar (el B-52 Stratocruiser) consume en una hora la misma cantidad de combustible que un conductor medio de coche en siete años.

Las guerras también tienen un impacto devastador en el medio ambiente, incluyendo la degradación del suelo, el agua, la tierra y la agricultura.

Al mismo tiempo, el cambio climático y la destrucción del medio ambiente están provocando desplazamientos y disturbios, lo que obliga a un mayor gasto militar como respuesta.

Más allá de la contaminación, la militarización socava las condiciones necesarias para el desarrollo sostenible.

El aumento del gasto militar afianza la competencia geopolítica, erosiona la confianza, debilita las instituciones multilaterales y reduce las posibilidades de cooperación internacional que requieren el desarrollo sostenible y una transición justa que permita abandonar el petróleo, el gas y el carbón.

Dar prioridad a los aspectos militares y de seguridad también implica que los recursos se desvíen hacia ese fin en detrimento de otras necesidades, como el uso de minerales esenciales para las energías renovables.

El coste global de la violencia para la economía ascendió a 19,97 billones de dólares estadounidenses en 2024. En cambio, se calcula que acabar con el hambre en el mundo para 2030 costaría solo 40.000 millones de dólares al año.

No existe una vía viable para la ecologización de las fuerzas armadas. Los combustibles fósiles son el sustento de los sistemas militares, y los ciclos de adquisición consolidan esta dependencia durante décadas»

El doble dividendo... analiza el déficit de financiación para una transición justa a escala mundial en relación con el gasto militar, examinando el impacto de este último en la seguridad humana, las emisiones, la destrucción ecológica y la cooperación internacional. Describe formas en las que se puede reducir el gasto militar y reasignarlo a la justicia climática y la paz, y ofrece recomendaciones a los gobiernos y a la sociedad civil sobre cómo lograrlo, entre otras cosas, mediante un Tratado sobre Combustibles Fósiles.

Katrin Geyer, directora del Programa de Justicia Ecológica de la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad: "en las negociaciones climáticas de la ONU, en la investigación académica, en las calles, la gente está atando cabos. La crisis climática y la militarización desenfrenada se están intensificando al mismo tiempo, impulsadas por el mismo pequeño grupo de Estados hipercapitalistas y fuertemente armados que se benefician de ambas. Este documento sostiene que no se puede abordar seriamente una sin enfrentarse a la otra. Utilizando el Tratado sobre Combustibles Fósiles propuesto como vehículo para redirigir el gasto militar hacia la transición justa, demostramos que los beneficios irían mucho más allá de la financiación climática. Menos gasto militar significa menos emisiones, menos destrucción ecológica, menos guerras —y más espacio para la diplomacia, la confianza y la cooperación que la humanidad necesita urgentemente"

The Double Dividend: How Reducing Military Spending Can Finance a Just Transition. The Fossil Fuel Treaty as a Tool for Justice and Peace

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