La transformación energética del reino del medio está reconfigurando el panorama global a medida que el gigante asiático acelera el despliegue de energías renovables, redes eléctricas y sistemas de almacenamiento, y a la vez que electrifica el transporte, los edificios y la industria. Este proceso está empujando al país hacia un inminente pico -según los expertos- en el uso de combustibles fósiles relacionados con la energía, reduciendo costos y acelerando la adopción de tecnologías limpias en el resto del mundo.
Según los datos de Ember, el uso de combustibles fósiles a escala global podría alcanzar pronto su máximo histórico para iniciar luego un descenso, impulsado en buena medida por el ritmo de China, donde entre 2015 y 2023, el uso de combustibles fósiles en la energía final en edificios, industria y transporte disminuyó un 1,7%. Frente a este dato, el crecimiento de la generación limpia liderado por la energía solar y eólica cubrió el 84% del crecimiento de la demanda de electricidad de China en 2024.
Eólica y solar en China
En solo tres años, hasta 2024, la capacidad eólica y solar en el país asiático pasó de 635 GW a 1.408 GW, y a comienzos de 2025, la combinación de estas dos fuentes limpias superó por primera vez a la capacidad del carbón, un hito simbólico pare el mayor consumidor de este combustible fósil a nivel mundial. Otro dato llamativo incluido en el informe de Ember es que en el primer semestre de 2025, la nueva capacidad eólica y solar instalada duplicó la del mismo periodo del año anterior.
Este salto tecnológico está reduciendo la cuota de los combustibles fósiles en la matriz eléctrica, y es que en 2024, el 18 % de la electricidad generada en China procedió de energía eólica y solar, el doble que en 2020 (9%). Además, en la primera mitad de 2025, la generación eólica creció un 16 % interanual, mientras que la solar se disparó un 43 %. En concreto, el crecimiento de las fuentes bajas en carbono —eólica, solar y otras renovables + nuclear— cubrió el 84 % del aumento de la demanda eléctrica en 2024 y, en el primer semestre de 2025, incluso la superó. El resultado: una caída del 2 % en la generación a partir de combustibles fósiles en comparación con el mismo periodo del año anterior.
[Bajo estas líneas: La rápida electrificación de China y el aumento de la energía solar y eólica pronto reducirán su uso de combustibles fósiles]

Y este cambio no es solo nacional, también es territorial: Siete provincias chinas ya generan más de una cuarta parte de su electricidad a partir de viento y sol. En total, 14 provincias superan la cuota media de la OCDE del 19 % en generación eólica y solar. De hecho, si se consideraran países independientes, cuatro de estas provincias estarían entre los diez mayores generadores solares del mundo, señal de la magnitud de la transformación regional.
Inversión renovable
Este cambio de tendencia en la matriz eléctrica china no sería posible sin una inversión que acompañe la magnitud del desafío. Es por ello que China lidera el gasto global en energía limpia, con 625.000 millones de dólares en 2024, el 31 % del total mundial. El almacenamiento en baterías se triplicó en los tres años previos a 2024, mientras que la inversión en redes eléctricas alcanzó los 608.000 millones de RMB (unos 85.000 millones de dólares), un 25 % más que en 2019.
La electrificación también avanza en los sectores de consumo final. En 2023, la electricidad superó al carbón como principal fuente energética de la industria y ya es la predominante en los edificios. En el transporte, aunque los combustibles derivados del petróleo siguen dominando, la creciente flota de vehículos eléctricos chinos empieza a inclinar la balanza. En conjunto, la participación de la electricidad en la demanda final de energía llegó al 32 % en 2023, superando incluso a varias economías desarrolladas.
Hacia la "civilización ecológica"
El giro responde a una visión estratégica. Entrevistas con expertos revelan que en China existe consenso sobre el agotamiento del modelo de desarrollo basado en combustibles fósiles. El gobierno ha consagrado en su Constitución, desde 2018, el objetivo de una “civilización ecológica” que combine crecimiento económico, cohesión social y sostenibilidad ambiental.
Los efectos económicos ya son visibles de este camino a la “civilización ecológica”, según la entienden los chinos. En 2024, la inversión y producción de energías limpias aportaron 13,6 billones de RMB (1,9 billones de dólares) a la economía nacional, cerca de una décima parte del PIB del país, equivalente al producto interno bruto de Australia. Y es que el sector crece tres veces más rápido que el promedio de la economía china, impulsado por una intensa actividad empresarial, innovación y liderazgo tecnológico: las compañías chinas concentran hoy el 75 % de las solicitudes de patentes en energías limpias, frente al 5 % en el año 2000.
Además, esta ola de inversiones está reduciendo drásticamente los costos globales de tecnologías clave como turbinas eólicas, paneles solares, baterías de almacenamiento y vehículos eléctricos. Los beneficios se hacen sentir especialmente en mercados emergentes, muchos de los cuales ya superan a países de la OCDE en generación eólica y solar y en electrificación.
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