El objetivo principal del acuerdo internacional firmado en 2015 durante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2015 (COP21), celebrada en París, era contener el aumento de la temperatura global por debajo de los 2 grados y, en lo posible, limitarlo a 1,5 grados respecto a los niveles preindustriales. Según los autores del informe, el calentamiento se sitúa actualmente en torno a 1,3 grados, una cifra que genera dudas sobre el compromiso de las partes con el pacto.
Los autores del estudio subrayan que, a pesar de las dificultades, el acuerdo ya está contribuyendo a frenar el aumento de temperaturas. Para calcular la cifra de días calurosos evitados, los científicos analizaron el 10 % de las temperaturas más altas registradas y seis episodios recientes de calor extremo en Europa, África Occidental, la Amazonía, Asia, Australia y América Central y del Norte. Estos eventos provocaron sequías, incendios forestales y miles de muertes.
Escenarios de calentamiento
La investigación concluye que con un calentamiento de 2,6 grados, las olas de calor serían entre tres y 35 veces más frecuentes, con temperaturas entre 1,5 y 3 grados superiores a las actuales. Si la temperatura global alcanzara los 4 grados, los episodios extremos serían entre cinco y 75 veces más probables y registrarían aumentos de entre 3 y 6 grados.
Desde la firma del Acuerdo de París, el planeta ha sumado 0,3 grados de calentamiento, lo que equivale a once días más de calor extremo al año. Las probabilidades de sufrir olas de calor se han multiplicado por diez en la Amazonía, por nueve en Malí y Burkina Faso, y por dos en India y Pakistán. Los expertos advierten que mantener el calentamiento "muy por debajo" de los 2 grados es crucial, ya que cada décima de grado agrava los riesgos para la salud y el medioambiente.
Los investigadores alertan de que un calentamiento de 2,6 grados seguiría exponiendo a las próximas generaciones a niveles térmicos peligrosos, con efectos severos en la salud y un aumento de las desigualdades, por lo que reclaman políticas más ambiciosas y una transición acelerada hacia energías limpias para reducir el uso de combustibles fósiles.
También advierten de que la financiación para la adaptación sigue siendo insuficiente. En concreto, piden inversiones en sistemas de alerta temprana y planes de acción frente al calor, especialmente en África, América Latina y Asia. Actualmente, solo la mitad de los servicios meteorológicos nacionales emiten alertas de calor.
Entre las medidas a largo plazo, proponen incrementar las zonas de sombra, plantar más árboles en las ciudades y reforzar los sistemas sanitarios. "La forma más eficaz de proteger a la población y reducir las muertes relacionadas con el calor es abandonar rápidamente el petróleo, el gas y el carbón, principales responsables del cambio climático", concluyen los autores.
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