El trabajo ha sido realizado por los doctores Miguel Laborde y Norma Amadeo, a cargo del Laboratorio de Procesos Catalíticos (LPC), perteneciente al Departamento de Ingeniería Química de la Facultad de Ingeniería de la UBA, junto con la colaboración del grupo del doctor Pío Aguirre, del Instituto de Desarrollo y Diseño (INGAR), dependiente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN).
Según informa la Agencia de Noticias para la Difusión de la Ciencia y la Tecnología (DiCYT), de la española Universidad de Salamanca, el sistema ya tiene comprador en España, que ha pagado 300 mil euros.
Además del uso como carburante, se sostiene que “el desarrollo del LPC podrá ser utilizado en el futuro para sustituir la industria petroquímica por otra, ‘la alcoquímica’. De esta manera se podrá generar una gran variedad de productos (plásticos, fertilizantes, etc.) que hoy en día se producen a partir del petróleo y sus derivados”.
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