El estudio concluye que más del 90 % de la nueva capacidad renovable a gran escala incorporada el año pasado produjo electricidad a un coste inferior al de la alternativa fósil más barata. La energía solar fotovoltaica mantuvo un coste medio de 44 dólares por megavatio-hora (MWh), mientras que la eólica terrestre redujo sus costes un 4 %, hasta los 33 dólares/MWh, y la eólica marina un 3 %, hasta los 78 dólares/MWh.
En contraste, las nuevas centrales de gas afrontaron un fuerte incremento de costes. La escasez de turbinas duplicó el coste de capital de las nuevas plantas de ciclo combinado en Estados Unidos y, en mercados con elevados precios del gas, como Alemania, Italia o Japón, el coste de generación alcanzó los 100 dólares/MWh.
Para IRENA, estas cifras evidencian que las energías renovables ya no solo representan una ventaja medioambiental, sino también una protección económica frente a la volatilidad de los mercados energéticos. "Cada megavatio adicional de energías renovables refuerza la protección económica frente a la volatilidad de los precios de los combustibles", afirmó el director general de la organización, Francesco La Camera, quien defendió la expansión renovable como "una inversión estratégica en resiliencia y competitividad".
El informe destaca además cómo esta capacidad instalada actuó como un auténtico colchón financiero durante la crisis energética desencadenada a comienzos de 2026 por el cierre del estrecho de Ormuz, que disparó el precio del gas y del petróleo en los mercados internacionales. En el sudeste asiático, países altamente dependientes de las importaciones energéticas como Indonesia, Tailandia y Filipinas evitaron en 2025 un desembolso de 5.700 millones de dólares en carbón y gas gracias a su generación renovable. Con los precios alcanzados durante la crisis, ese ahorro habría ascendido hasta los 6.500 millones de dólares.
Las mayores economías del mundo concentraron buena parte de estos beneficios. Solo China evitó costes por valor de 177.000 millones de dólares, aproximadamente la mitad del ahorro global. Le siguieron Estados Unidos, con 35.000 millones; Brasil, con 32.000 millones; India y Alemania, con 18.000 millones cada uno, y Japón, con 15.000 millones.
La evolución de los costes durante la última década explica este liderazgo. Desde 2010, el coste de la energía solar fotovoltaica ha caído un 89 %, mientras que la eólica terrestre se ha abaratado un 71 % y la eólica marina un 63 %, impulsadas por la expansión de la capacidad manufacturera y una intensa competencia, especialmente en China.
No obstante, IRENA advierte de que esta tendencia podría moderarse. La inversión mundial en fabricación de tecnologías limpias se redujo a la mitad entre 2023 y finales de 2025, mientras aumentan los costes de materias primas y componentes y persisten las incertidumbres comerciales. Aun así, la agencia prevé que los costes de las energías renovables seguirán disminuyendo hasta 2035, aunque a un ritmo más lento que en los últimos años.
