El momento de urgencia climática para el planeta, las tensiones económicas y el modelo energético exigen elevar la voz con claridad y convicción. Debemos apostar de forma decidida y tajante por un sistema basado exclusivamente en todas las energías renovables y por el abandono de los combustibles fósiles y la energía nuclear. En combinación con la electrificación, el almacenamiento y la reducción de la demanda de energía, es la única vía factible, consensuada, sostenible y justa hacia un futuro energético descarbonizado, en el que se genere valor social y aumente la soberanía energética de nuestro país.
La energía renovable es una realidad; es nuestra única fuente natural, abundante, autóctona y barata. Sol, viento, agua, biomasa, geotermia..., están presentes y disponibles de forma continua a nuestro alrededor y sin emisiones, ajenas a dependencias geopolíticas y mercados volátiles de fácil especulación. Apostar por ellas no es solo una cuestión medioambiental, es de sentido común y de elegir un futuro mejor. Las renovables son la única fuente de energía que nos garantiza avanzar en la lucha contra el cambio climático proporcionándonos, al mismo tiempo, soberanía e independencia energética y permitiéndonos abrir la puerta a la democratización de la energía y a precios asequibles para los hogares y las empresas.
La electrificación de la economía es una condición imprescindible para alcanzar emisiones netas cero. Sectores como el transporte, la industria o la climatización deben electrificarse masivamente para reducir sus emisiones de manera drástica. Por eso, defendemos un sistema eléctrico basado íntegramente en renovables, como columna vertebral de la transición ecológica.
Las renovables son, en esencia, la única fuente de energía que nos permite avanzar hacia una economía verde y competitiva. Nos garantizan marcar el ritmo de la economía europea, atrayendo a la industria, y pueden contribuir, además, a la redistribución de la riqueza y a la cohesión territorial. Son un motor de progreso fundamental para conseguir un país más justo, resiliente y líder a escala internacional.
El sector renovable ha demostrado su capacidad para generar empleo estable, cualificado y distribuido a escala local y regional: desde la investigación tecnológica, hasta el diseño, la planificación y el desarrollo, operación y mantenimiento de las instalaciones y de las infraestructuras asociadas. Apoyar a las renovables y la relocalización de su cadena de valor a escala más local es invertir en personas, desarrollo, educación, formación, innovación y futuro.
Hoy, la energía renovable es, sin lugar a duda, la opción más económica de generación de energía eléctrica, desbancando a todos y cada uno de los combustibles fósiles y a la energía nuclear. La caída de los costes y el aumento de actores en el mercado, especialmente en solar fotovoltaica y eólica, ha convertido a estas fuentes en las más competitivas del sistema eléctrico español. Esta ventaja no es coyuntural, es estructural, y con margen de progresión. Disponer de energía barata y abundante significa liberar recursos para otros sectores estratégicos, aumentar la competitividad, reducir la factura energética de hogares y empresas y hacer frente a la tendencia inflacionista con una herramienta poderosa y estructural.
Si por algo destacan las renovables, además de todo lo mencionado anteriormente, es por su capacidad democratizadora, como ha demostrado la participación en la generación de decenas de miles de familias y pequeñas empresas españolas. Esto es así por su modularidad y su poder descentralizador, que permiten pasar de un modelo en el que la gestión y la producción energéticas están muy centralizadas a otro descentralizado que posibilita la entrada de nuevos actores ubicados en toda la geografía, además de facilitar que las plantas de generación de energía se ubiquen cerca de los nudos de consumo o en los tejados de hogares e industrias. Las renovables son la única fuente de energía que nos permite practicar el autoconsumo, individual o colectivo, haciendo que la ciudadanía, por primera vez, se emancipe energéticamente.
Además, las renovables tienen una capacidad infrautilizada para participar activamente en la gestión del sistema eléctrico de manera activa y dinámica. Tecnologías como la solar fotovoltaica, la eólica, las centrales hidroeléctricas, la termosolar o el almacenamiento con baterías pueden aportar firmeza, respaldo y estabilidad al sistema eléctrico. Solo hace falta aplicarlas e integrarlas actualizando los códigos de operación. Defendemos un modelo energético basado en un mix diversificado de fuentes renovables, que aproveche lo mejor de cada tecnología: la solar en todas sus variantes, la eólica terrestre y marina, la hidráulica, la biomasa, la geotermia, el biogás, etc. La complementariedad entre estas fuentes nos permite cubrir todas las necesidades de forma segura y equilibrada, muchas de las cuales pueden estar en manos de personas, permitiendo así descentralizar el sistema eléctrico. Por eso, afirmamos que el mix eléctrico debe ser 100% renovable. No necesitamos fuentes contaminantes que, además, nos empobrecen y son peligrosas. Tenemos capacidad de sobra, conocimientos, recursos naturales y apoyo social para conseguirlo.
Con este argumentario, hacemos un llamamiento firme a las instituciones, empresas, ciudadanía y agentes sociales para que se sumen a esta apuesta inequívoca por las energías renovables. Tenemos compromisos y objetivos nacionales y europeos que cumplir.
Por un presente y futuro 100% renovable
