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Informe de Zero Carbon Analytics

Las energías renovables no causan apagones: el verdadero problema está en la red

Los sistemas eléctricos modernos, pilares de la vida económica y el estado del bienestar, enfrentan una vulnerabilidad creciente: la fragilidad de sus redes. Es la conclusión principal de un informe elaborado por el grupo internacional de investigación sobre la transición energética, Zero Carbon Analytics, que advierte que los apagones masivos de las últimas dos décadas se deben, en su mayoría, a fallas en la infraestructura de transmisión, errores humanos y fenómenos meteorológicos extremos, más que a problemas de exceso de generación renovable.
Las energías renovables no causan apagones: el verdadero problema está en la red

La electricidad llega a los consumidores a través de una red de componentes interconectados —centrales, líneas de transmisión y sistemas de control— que funcionan en equilibrio. Una sola falla puede generar un efecto cascada que paraliza ciudades, regiones y países enteros, provocando desconexiones automáticas para evitar daños mayores. El ejemplo más cercano y reciente es el histórico apagón de abril de 2025 en la península Ibérica, que dejó sin suministro a millones de usuarios en España y Portugal. Los impactos pueden llegare a ser devastadores: desde pérdidas económicas millonarias hasta interrupciones en servicios críticos como hospitales, transporte o telecomunicaciones.

Factores detrás de los apagones
Para explicar las razones que desencadenan estos eventos, los investigadores de Zero Carbon Analytics señalan en su informe que lejos de tener una sola causa, los apagones suelen ser la consecuencia de múltiples factores interrelacionados, por lo que cualquier explicación reduccionista revela un amplio desconocimiento de un asunto tan complejo como los sistemas eléctricos del siglo XXI. Esto no es como encender o apagar la luz de la cocina, ni se comporta como el cuarto de contadores de una comunidad de vecinos. Veamos los factores que más influyen en un episodio de cero energético.

Infraestructura envejecida: transformadores, interruptores y líneas de transmisión que no han recibido mantenimiento ni inversión suficiente.

Errores humanos: fallos en la operación, mantenimiento o coordinación entre operadores.

Ciberataques: una amenaza creciente conforme las redes se digitalizan.

Problemas de combustible: interrupciones en el suministro de gas o carbón que limitan la generación.

Fenómenos meteorológicos extremos: tormentas, inundaciones o sequías, cada vez más frecuentes por el cambio climático.

Sobrecarga de la red: picos de demanda durante olas de calor o pérdidas inesperadas de generación.

Grandes apagones del siglo XXI: causas y consecuencias de un problema global
Los autores del informe han repasado la historia reciente de los apagones para tratar de identificar al principal responsable, la variable desencadenante de los apagones. Lo cierto es que, aunque parece que solo se ha ido la luz en España a lo largo de la historia de la electricidad, desde mediados de la década de 2000, distintos países han enfrentado apagones masivos que dejaron a millones de personas sin electricidad durante horas o incluso días.

Según los datos recopilados por Zero Carbon Analytics, los grandes apagones registrados desde 2005 responden mayoritariamente a fallos en la red eléctrica, errores operativos o condiciones meteorológicas adversas. Veamos algunos ejemplos.

En Indonesia (2005), un fallo en la transmisión eléctrica en la isla de Java provocó que cerca de 120 millones de personas quedaran sin suministro durante horas. El incidente fue atribuido a una disrupción en la red de transmisión. Ese mismo año, un incendio en una subestación de Moscú causó la pérdida de estabilidad en la red, con un apagón que se extendió por 40 horas.

Europa experimentó uno de los cortes más significativos de su historia reciente en noviembre de 2006. Una falla iniciada en Alemania se propagó por la red interconectada, afectando a países como Francia, Bélgica, Italia y España. Las deficiencias en la coordinación operativa y la falta de inversión en la red fueron señaladas como las causas principales.

En Florida (2008), un error humano al desactivar la protección de un interruptor derivó en una cadena de fallos que dejó a más de medio millón de personas sin electricidad durante cuatro horas, mientras que cerca de un millón de consumidores experimentaron cortes parciales.

Un año después, en Brasil y Paraguay, una tormenta que dañó las líneas de transmisión obligó a desconectar la represa de Itaipú, responsable de la mayor parte de la electricidad paraguaya, que es una superpotencia hidráulica, por cierto. El resultado: 60 millones de personas sin suministro eléctrico por varias horas.

El apagón de India en 2012 es considerado como el más grave del mundo. Una serie de fallos interrelacionados en la red dejó a 700 millones de personas sin electricidad durante dos días. En la vecina Bangladés (2014), un fallo en una subestación que importaba energía desde India provocó la pérdida del servicio en 100 millones de personas durante diez horas.

Otros eventos recientes incluyen Turquía (2015), donde 76 millones de habitantes fueron afectados por una falla en el sistema de transmisión; Pakistán (2015), que dejó sin luz al 80% del país tras un ataque de insurgentes contra la red; y Australia (2016), donde 1,7 millones de residentes quedaron a oscuras por un fenómeno meteorológico severo.

En conclusión, estos episodios reflejan la vulnerabilidad de los sistemas eléctricos interconectados y evidencian la necesidad de fortalecer la infraestructura energética frente a riesgos técnicos, humanos y climáticos.

Renovables y almacenamiento: una oportunidad para fortalecer el sistema
La Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha advertido que, si bien la transición hacia energías renovables avanza, la inversión para modernizar las redes es insuficiente. "Las redes pueden convertirse en el eslabón débil de la descarbonización", subraya el organismo. A menudo se culpa a la intermitencia de las renovables por los apagones, pero el informe recalca que la evidencia muestra lo contrario: "los cortes provienen de la infraestructura de red, no de la generación eólica o solar".

La modernización de las redes puede convertir la transición energética en una ventaja para la seguridad eléctrica. Tecnologías como las baterías, el almacenamiento por bombeo o la gestión inteligente de la demanda permiten equilibrar la red y reactivar zonas afectadas tras un apagón mediante el "arranque en negro".

Además, la descentralización que aportan los proyectos renovables reduce el riesgo de fallas masivas al depender de múltiples puntos de generación en lugar de grandes monocultivos solares. Según los investigadores, en 2023, el despliegue global de renovables desde el año 2000 permitió ahorrar más de 400 mil millones de dólares en combustibles fósiles, al tiempo que mejoró la seguridad energética de los países importadores.

Es importante recordar que la seguridad de las redes eléctricas se mide en tres dimensiones: adecuación (suministro suficiente), seguridad operativa (capacidad de responder a eventos imprevistos) y resiliencia (habilidad de recuperarse tras una crisis). Las tecnologías renovables, junto con el almacenamiento y las interconexiones internacionales, pueden cumplir con estos tres principios.

Sin embargo, los expertos advierten que sin políticas públicas y mayores inversiones en la red eléctrica, la sombra de los apagones seguirá proyectándose sobre los sistemas eléctricos.

 

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